viernes, 26 de octubre de 2012

DÍA 94: Puntos cardinales

Una mañana de Sábado decidieron abandonar sus inexistentes tareas pendientes y, aventureros, sumergirse en la selva inhóspita de asfalto, ruido, contaminación e indiferencia que la gran ciudad regalaba cada día a sus habitantes.

Estuvieron de acuerdo en caminar sobre sus ya andados pasos en ocasiones anteriores y disfrutar de esa ruta arquitectónicamente grandiosa y singularmente impredecible en cuanto a caminantes y artistas callejeros. Era una ruta circular, cuyo inicio se encontraba cerca de donde estaba el portal de su casa, allí donde se ubicaba un bonito parque en cuyo centro se había alzado una maravillosa estatua de hierro forjado en honor a Don Quijote y su fiel escudero.

Hacía frío y se intercambiaron los bolsillos, resguardando ella su mano izquierda en el amplio bolsillo derecho del abrigo color verde de él y buscando él, con mucho esfuerzo, espacio en el pequeño bolsillo acolchado del lado izquierdo del abrigo negro de ella. Iniciaron su recorrido con calmado movimiento, dando los primeros pasos con cautela y buscando la coordinación y el ritmo que facilitara la caminata de abrigos compartidos.

Hacía un Sol radiante y cegador aquel día de finales de Enero... quizás principios de Febrero... y la resaca navideña aún podía respirarse entre los poros abiertos de escaparates todavía no renovados, músicas de fondo que no habían pasado a la cara B, comentarios sobre cuestas de principios de año y algún que otro despistado con vestimentas de coloridas tonalidades.

Caminaron pausados... a ratos en silencio... a ratos rompiendo el aire con livianas palabras acompañadas de vapor blanquecino resultante del emanado calor interior en contraste con los grados negativos que invadían las aceras.

Pasearon largas horas entre piedras ancestrales, descubriendo, como siempre solían hacer, rincones desconocidos e insólitos construidos entre paredes de ladrillo y fuentes de agua helada. Pequeños recovecos de asueto enmascarados entre vidas demasiado apresuradas.

Un par de horas después de que el reloj de la Plaza Mayor marcara escandaloso el mediodía, resolvieron reponer fuerzas con un ligero almuerzo que les ayudara a templar el interior, dando al mismo tiempo rienda suelta a sus más profundas inquietudes... compartiéndolas en conmovedoras charlas... entrelazando palabras llenas de sentimiento y comprensión.

La tarde se estructuró de una manera similar a la mañana... paseos, charlas y pequeños descansos en lugares cerrados donde renovar la conciencia tras frías ráfagas de viento invernal.

http://www.v-like-vintage.net/es/foto_detalles/33239_foto_Berlin+Maerkisches+orilla+paseo+invierno/

Y fue precisamente en uno de estos lugares de reposado esparcimiento donde ella, curiosa, le preguntó qué tipo de imagen se grabaría en el cuerpo si tuviera que elegir una en la que fuera representada ella... juegos de enamorados donde la complicidad, la risa y el esparcimiento era lo único que llenaba aquellas horas de gélido fin de semana.

Él se abstrajo por un instante.

Tras una breve meditación, rápidamente la miró a los ojos sin rescoldo de duda alguna y, cogiéndola de la mano, sobre aquella mesa de mármol inhóspito, le confesó... "Si tuviera que elegir una imagen en la que llevarte impresa para toda la vida, elegiría una brújula. Una brújula en la que cuando la manecilla señalara hacia arriba, encontrara tu inicial en lugar de la común N, aludiendo así a tu nombre, a tu persona, como Norte que guía mis pasos. Sabiendo que si desaparecieras, mi brújula enloquecería, pues el centro gravitacional y principal, habría desparecido por siempre de mi vida".

Ella le respondió regalándole una sonrisa de complacencia y desconcierto por aquella inesperada contestación... y pasó el resto de la tarde meditando en su interior sobre aquellas palabras... según más pasaban las horas y se adentraban en la noche cerrada, mayor era la alegría y gratitud que sentía por tener a su lado a aquella maravillosa persona.

Decidió entonces ella, como agradecimiento por aquel bonito pensamiento, dejar huella de aquel sentimiento compartido con palabras a través de un singular cuento en un blog casi desconocido... dando así inicio a una pequeña serie de relatos que versaran sobre Puntos Cardinales y orientaciones para esta extraña e impredecible vida cambiante... retomando el formato que días atrás había experimentado con otra secuencia narrativa de título evocador y que, si no recuerdo mal, versaba sobre Pecados Capitales....

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2 comentarios:

Aldabra dijo...

¡¡guau!!

¡que respuesta tan romántica!!

biquiños,

Docecuarentaycinco PM dijo...

Asi es Aldabra, y en este caso te dire que ademas real ;). ¡Doble valor!

Un besazo