lunes, 6 de agosto de 2012

DÍA 13: El color del cristal con el que uno mire

Traía puestas todavía las botas de montaña, repletas de barro... una pequeña mochila a la espalda y una grandisima sonrisa en su rostro. Venía corriendo hacia mí, mirandome fijamente y trotando al galope...

Todavía le faltaba el aire, imagino que por el esfuerzo de la carrera, aun así, y entre pequeños espacios de hipo, ella no podía parar de repetir emocionada...

"... ¡increible!, ¡ha sido una excursión increible!... espera... te cuento... dame dos minutos... que respire... ¡increible!... no imaginas... dos minutos... que respire... ¡asombroso!..."

Le di el tiempo suficiente para que se calmara, al fin y al cabo no tenía mucho más que hacer y si la instigaba sabía que el resultado sería muchisimo peor.

La convencí para que nos sentáramos en un banco que quedaba unos diez pasos a nuestra izquierda. Aceptó.



Acomodadas en nuestro particular oasis, comenzó a explicarme que, despues de muchísimos años, había vuelto a ver a sus antiguos compañeros de clase. Al parecer, y gracias a las nuevas tecnologías, se había creado un grupo en una famosa red social a partir de la cual, los antiguos compañeros de colegio se había vuelto a reunir virtualmente y habían conseguido organizar una excursión a una montaña cercana. Un día de campo y reencuentros.

Mientras me relataba emocionada las aventuras del día, las confesiones, recuerdos y emociones, ella rebuscaba algo en su pequeña mochila. Cuando al fín dió con ello, lo sacó ansiosa y me dijo:

"¡Mira! ¡Incluso antes de salir hacia el monte nos sacamos una foto de grupo! ¡Estábamos todos! ¡No faltó nadie!"

Dejó la fotografía en mi regazo mientras, sin parpadear, fijamente, me miraba a los ojos sonriendo nerviosa...
.

Observé perpleja la fotografía... yo tampoco podía parpadear... incrédula...

"Lo más sorprendente es que están todos igual que como los recuerdo, ¡no ha pasado el tiempo por ellos!... mira aquí está Ixone, aqui Alicia, aqui José, Roberto, Gonzalo, Susana... ¡y Mónica!... está Eva, Fernando y Valentín... ¡mira aquí está Raquel y aquí Aitor!... los gemelos y Ainhoa... Estibaliz, Isabel.... ¡todos! ¡están todos igual!.... y no te lo vas a creer, ha venido hasta nuestra profesora, es esta de aquí... Mari Jose..."

Nos quedamos en silencio varios minutos, ella ensimismada en sus recuerdos, volando dentro de su fotografía y yo... yo... intentando comprender aquella escena...

Creo que la solución del misterio es mucho más sencilla de lo que parece... para ella aquella clase quedó congelada así en la retina de su recuerdo, ella jamás vería crecer a sus compañeros, siempre los vería como niños, porque en el fondo... aún lo siguen siendo...

Bonitos recuerdos.


5 comentarios:

M.G dijo...

Bonita oda al recuerdo. Tienes razón, hay cosas, personas, paisajes, cosas, por las que va pasando el tiempo pero que en nosotros permanecen inmóviles. Creo que siempre se da esta circunstancia en las vivencias que realmente son importantes de verdad para nosotros. Los hijos, por ejemplo ¿crecen alguna vez para los padres?. Sí, claro que crecen (más nº de pié, más talla de ropa, más paga los fines de semana...), pero en el fondo, en el sentimiento, siempre son sus pequeños aunque las hayan dejado volar solos hace ya muchos años.Un saludo y un abrazo.

Aldabra dijo...

¡¡que fotos!!

biquiños,

Docecuarentaycinco PM dijo...

Bonita reflexión M.G., y muy cerera. Me alegro que te haya gustado. Muchas gracias por compartir, una vez más, tus pensamientos.

Aldabra, si miras con detenimiento podrás encontrarme en la 2ª fotografías ;). La primera es obra de mi marido, sacada en un hotelito precioso en la provincia de Málaga (una sSemana Santa de hace unos años...).

¡Un beso enorme para cada una!

Menchu dijo...

Qué gracia! Precisamente, en octubre del año pasado nosotros hicimos algo similar. Nos reencontramos con la gente del colegio 27 años después …
Inicialmente pensé en no ir. Total, ¿qué importa ya?
Me llevó días ordenar los pensamientos y al final decidí ir. Tomé la decisión correcta. Fue una noche estupenda. Pese a los cambios físicos de algunos (otros siguen igual), la esencia seguía idéntica: mismas sonrisas, mismas actitudes, mismos corrillos, mismas simpatías y rechazos, …
Lo que más me impactó fue ver a los profesores, simples adultos ahora.
Lo anecdótico: dado mi “rechazo” inicial a la idea, mi pareja quedó alucinado ante mi despliegue de sociabilidad y fusión con el entorno.
Lo mejor: he recuperado a tres de mis amigas de la adolescencia y ahora quedamos periódicamente, solas o con familias, para compartir ratitos.
Animo a todo el mundo a echar la vista atrás y recuperar lo bueno de tiempos pasados.

Docecuarentaycinco PM dijo...

Muchas gracias por compartir tu experiencia Menchu.

Siempre he pensado que navegar por el pasado (real o a través de la mente) es bueno, siempre que no se quede en un desembarco permanente, viajar al pasado es genial para recuperar y aprender muchas cosas (en tu caso por ejemplo recuperaste amigas y seguridad en ti misma con tu despliegue ;D), pero debemos tener la vista puesta en el presente y en el futuro, no quedarnos estancados, ya que el presente que vivimos hoy algun dia será nuestro futuro (y el de muchos que nos rodean), asi que siempre debemos ir mejorando con la experiencia.

¡¡Un besazo enorme y gracias una vez más por compartir tus experiencias, nos enriquecen a tod@s!!