jueves, 21 de agosto de 2014

DÍA 721: UNA GRAN RED DE APOYO

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Cuando uno da comienzo a una nueva semana celebrando un cumpleaños, como ha sido mi caso, nunca llega a imaginar que los días que vienen detrás lleguen cargados de contratiempos, imprevistos, problemas y preocupaciones.

Así empezamos mal, querido nuevo año de vida. Creo que tenemos que hablar y renegociar los términos para los próximos doce meses.

Al margen del agotamiento que este tipo de situaciones conlleva, bien es cierto que tanto yo como mi familia estamos bastante bien de salud... ¡y que así siga!... así que al menos esa parte queda relegada de esta inquietud semanal. Sin embargo, el desbalance se ha producido en el ámbito laboral... ¡para rato imaginaba yo que esta semana fuera a traer todo lo que ahora estoy descubriendo que tenía oculto!.

Epidemia de chikungunya en parte del personal del Colegio, malestares no epidemiológicos azotando a otra parte del Colegio, solicitudes burocráticas gubernamentales de complicada implementación y/o difícil obtención, reuniones planificadas y sin planificar que requieren de grandes dosis de paciencia y saber contenerse, reacciones desmesuradas y fuera de lugar de mano de familias vinculadas al centro, llamadas de auxilio persistentes en mi teléfono, fotocopiadoras rotas, caídas súbitas de aires acondicionados... y un sinfín de situaciones más a las que hay que sumar las labores diarias que tiene ya de por sí mi puesto de trabajo así como las actividades previstas para estos días que la agenda ya mostraba de antemano. Una fiesta, vamos.

No es mi intención hacer reparto, a través de esta ventana digital, de los pequeños brotes de ansiedad que pudiera estar generándome esta semana de agosto, ¡ni muchísimo menos!. Tan solo hago uso de este medio para hacer una pequeña descarga del peso que sienten mis hombros y mi espíritu, un grito silenciado y silencioso de desahogo y, especialmente, una catarsis y un proceso de reflexión.

Sí, reflexión, porque todo en esta vida necesita ser rumiado y buscar lo bueno que todo conlleva y, por supuesto, esta semana no es menos. 

Dentro del caos evidente, ahora, en la soledad del salón, junto al ventilador imparable, cuando la noche todavía no ha dejado paso a la luz del día, recuerdo algo que el lunes me hizo sentir muy reconfortada, enormemente acompañada en este viaje (el de la vida y el de Tierra de Acogida) y con una gran sonrisa de paz en mi interior. Y es que el lunes, para mi grata sorpresa, recibí de diferentes formas y maneras una ingente cantidad de felicitaciones. Y cuando digo ingente lo digo con la boca muy llena pues así, a groso modo, podría decir que fueron más de 200 personas las que de una u otra manera se tomaron su tiempo e ilusión en felicitarme... ¡más de 200 personas!... ¡¿pero que barbaridad más grata es esta?!.

¡Nunca imaginé que tanta gente me tuviera presente en sus vidas!. Y, aunque bien es cierto que ahora las cosas resultan más sencillas para la memoria con la inestimable ayuda de las redes sociales que te sirven de chivato indiscreto cuando llega un cumpleaños, desde mi punto de vista es una gran satisfacción ver que alguien ha dedicado aunque solo sean unos segundos a hacerte llegar buenos deseos.

Es innegable que escuchar, leer, sentir buenos deseos para uno entregados por otro es una sensación fantástica para el ser humano, pues hace que nos sintamos acompañados, queridos y con una gran red de apoyo. 

Eso mismo me pasó a mí el lunes y eso mismo traigo hoy a mi recuerdo en medio de esta semana de estrés y caos.

Quiero compartir con vosotros, antes de despedirme en este DÍA 721, dos felicitaciones de entre esas incontables muestras de cariño que recibí. Podría escribir una salida eterno mostrando todas y cada una de las demostraciones que recibí con los brazos y el corazón abierto pero me parece demasiado hedonista y, además, os aburriría sobremanera. Sin embargo sí quiero rescatar dos que me parecen significativas por dos motivos muy diferentes.

La primera la recibí a través de un mensaje privado en una red social. Quien me la mandó es una persona fantástica a quien tuve el placer de conocer en mis años de estudio. Es una mujer luchadora, con una creatividad literaria extraordinaria, una chica con los pies en la tierra y un corazón que no le cabe en el pecho. Lamentablemente es una de esas amistades a las que uno no ve tanto como quisiera. De año en año nos mandamos un mensaje para comprobar mutuamente que estamos bien y continuamos soñando con vernos en persona de nuevo alguna vez en esta vida. Y ya puestos en situación este fue su regalo de cumpleaños hecho palabra y regocijo interior...

"¡¡¡Felicidades mi morenaza!!! Que cumplas muchos así de simpática, de alegre, de guapa, de sincera, de adorable, de... ¡todo lo mejor que eres!, no lo olvides y, sobre todo, de buena gente... Te quero meniña. Espero que pases un día muy especial como tú te mereces y que el año venidero sea mejor y yo verlo."

La segunda muestra de cariño que recibí viene en forma de cuento breve. Quien me la hizo llegar tiene ya experiencia en estos temas pues es un conocidos de esta nuestra casa, Jaime, quien de buena mañana me sorprende con el siguiente texto...


  
"Aquel día ella despertó con los primeros rayos de Sol. Parecía un día más, uno de los 365 que tiene el calendario, sin embargo era un día especial… muy especial: era el día de su cumpleaños.

En el pasado, este día siempre fue muy marcado para ella, pero desde que se encontraba en la otra punta del Mundo, el 18 de agosto había adquirido un significado especial. Es difícil describir con palabras el sinfín de sentimientos confrontados este día, que por una parte le hacían sentir feliz y dichosa pero por otra parte le recordaba una vez más y de forma lacerante que un año más estaba lejos de su hogar y de los suyos.

Se levantó despacio, con esa pereza que caracteriza los días grises. Miro de reojo a MA y sonrió al ver que este aprovechaba plácidamente unos minutos más de almohada.

Se preparó un café y mientras daba vueltas a la cucharilla pensaba en sus años de infancia y adolescencia, pensaba en la ilusión que tenía por la llegada de este día y que en cierto modo aún mantiene. De pronto su pensamiento se detuvo en un ¿por qué? ¿por qué estaba aquí? ¿qué hacía tan lejos de casa? ¿qué hacia tan lejos de los suyos?. Y se volvió a preguntar ¿por qué? mientras miraba a su alrededor, esperando encontrar una respuesta en las fotos y cuadros que adornan la pared y la mesa.

Llegó MA, le dio un beso y la volvió a felicitar (ya lo había hecho la noche antes). Se sentó a su lado y en ese instante ella comprendió que en realidad no estaba lejos de casa. Ella estaba en su hogar, al lado de la persona que quería. Entendió una vez más que lo importante no es qué haces ni dónde ni cuándo, sino con quién. El podía haber seguido un poquito más en la cama, disfrutando ese sueño mañanero, pero en lugar de eso decidió dejar la comodidad y acompañarla, para que se sintiera bien y segura. Algo que se había convertido en una constante en los últimos años.

Ella sonrió y posó su mano sobre la suya. No dijo nada, no hacía falta decir nada, todo lo que ella deseaba como regalo de cumpleaños lo tenía justamente ahí.

Como una bocanada de alivio le sobrevino al entender que ella estaba ahí porque era lo que había elegido. Una elección que no fue fácil y que estuvo, está y estará rodeada de grandes sacrificios. Nadie dijo que la vida sería fácil, pero al lado de la persona indicada, la vida toma una forma agradable.

Miró a lo lejos nuevamente las fotos de sus padres y de su querida hermana, sabiendo que en la otra orilla del Atlántico ellos esperan su regreso. Ella sabe que no ha sido fácil para nadie, pero la vida continúa y la recompensa merece la pena.

Se dio una ducha rápida, se vistió eligiendo bien qué ponerse, al fin y al cabo era la máxima autoridad y hoy debía estar a la altura y preparada para las muestras de cariño y felicitaciones de todo su equipo.

Atravesó rápidamente el largo pasillo que unía su vida personal y profesional. Se había hecho tarde y tenía muchas cosas que hacer.

Al llegar a su despacho encendió el ordenador, empezó a revisar su correo y decidió echar una mirada furtiva en las redes sociales. La diferencia horaria juega a su favor, pues hace ya varias horas que sus familiares y amigos en Tierra de Origen están despiertos. Lee los mensajes que le han puesto, sonríe con algunos, llora con otros, éste le sorprende. Los agradece de corazón, se siente querida, admirada y respetada. Sabe que algo está haciendo bien.

De pronto suena el teléfono de su despacho. Contesta esperando que sean sus padres, algo que queda claramente confirmado cuando sus ojos quedaron marcados por la emoción.

Apenas eran las 8 de la mañana y ya se sentía feliz, vislumbrando un día lleno de emociones y alegrías.

Que pases un excelente día amiga y… Feliz Cumpleaños."

Creo que llegados a este punto poco más me queda por decir que GRACIAS, GRACIAS, INFINITAS GRACIAS.

A todos aquellos que, de una u otra manera me alegrasteis el día y, sin saberlo, me alegraréis el año en momentos difíciles como los de esta semana, a quienes me dejasteis comentarios, a quienes me mandasteis mensajes de texto, llamadas, buenas palabras y mejores deseos, a quienes dedicasteis un segundo, un minuto o un día entero a recordarme que no estoy sola y me tenéis aprecio, a todos y cada uno de vosotros y vosotras... ¡¡GRACIAS!!... habéis logrado que, al contrario de lo que habitualmente viene mostrando 12:45pm, en esta ocasión me quedé sin palabras, porque los buenos sentimientos han ocupado todo el espacio en mi interior.
 
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2 comentarios:

Lucía dijo...

Hay algo que puede que los lectores no sepan: Cada una de esas 200 felicitaciones, fue contestada por nuestra anfitriona una por una. En estos días locos y repletos de trabajo, ella sacó un tiempo precioso para que no sintiéramos que nuestra felicitación caía en el vacío. Eres grande, compañera, y por eso recibes amor, porque sabes darlo.
Felicidades por eso también, y adelante!
(Impresionante regalo de Jaime, precioso, de verdad)

Docecuarentaycinco PM dijo...

¡Queridísima Lucía! Me has dejado sin palabras... la verdad es que no se bien qué responder ante un halago de tal tamaño :D. Solo diré que yo estoy ENCANTADA de que esteis ahí, y por supuesto que os respondo a todos, me habéis regalado una parte de vuestro tiempo, que menos que agradeceroslo como merecéis. Lo más preciado que tenemos en esta vida es el tiempo, que queráis dedicarme a mi un poco de el es, sin ninguna duda, un halago y un honor. ¡¡GRACIAS DE NUEVO POR ELLO!!.

¡¡VOSOTROS SÍ QUE SOIS GRANDES!! Y lo mejor de todo es que todos juntos creamos una red de apoyo más grande y fuerte todavía :D.

GRACIAS por vuestro cariño y por ser tan maravillosos como sois. GRACIAS.

Un besazo enorme y que tengas un fin de semana fantástico.

(Sin duda el regalo de Jaime me dejó agitada, conmovida y muy feliz... Jaime, como todos los que estáis ahí al otro lado, es una GRANDISISISISISISIMA persona :D)