miércoles, 13 de agosto de 2014

DÍA 716: Cuando el temblor es mayor dentro de la cabeza

Es curioso cómo funciona la mente humana cuando está llena de desconocimiento, miedo e imaginación.

La verdad es que leído así, de carrera, sin pausas, parece una bomba de relojería en plena ebullición. Son tres situaciones a las que por sí solas hay que tenerles cierto respeto, así que si se alían uno sabe que puede encontrarse, sin quererlo, en una situación un tanto inquieta y desagradable.

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Inicio así la reflexión de hoy porque ayer en Tierra de Acogida a las 11:05pm, justo cuando gran parte de los habitantes formales, y/o que trabajamos en jornada de mañana, llevábamos una o dos horas de sueño, se produjo un temblor. Para quien desconozca esta terminología de fácil digestión mental (mucho más que el término original) temblor no es otra cosa que un terremoto.

No fue un temblor grande, fue de 4.5. Incluso hubo algunos, como M.A. que (una vez más, pues esta misma situación la vivimos hace dos meses) me hizo creer durante unos segundos que habían sido impresiones mías al estar cayendo en manos de Morfeo. Se equivocaba, lo constaté pocos minutos después de mano de amigos locales y, especialmente, de las publicaciones oficiales de la Red Sísmica y otros medios de comunicación estatales.

Por si alguien de Tierra de Origen llegado a este punto le ha entrado alguna pequeña preocupación, diré que estamos todos bien. Una vez sucedió el imprevisto, todos seguimos durmiendo.

Y a este punto quería llegar yo.

El desconocimiento, el miedo y la imaginación son tres patas para un banco inestable y tembloroso en la cabeza. Durante las pasadas vacaciones de verano en mi, de nuevo añorada, Tierra de Origen tuve una interesante charla con familiares precisamente hablando de esto y hoy, tras la vivencia de ayer, quisiera compartirlo brevemente con vosotros.

Antes de embarcarme en este viaje aventurero y cruzar el océano a Tierra de Acogida, yo, como muchos, veía con pánico y cierta admiración las imágenes en movimiento que llegaban a mi retina tras una pantalla referentes a fenómenos meteorológicos y naturales que azotaban despiadados lo que era para mi el otro lado del mundo.

No puedo evitar decir que tengo la suerte de estar viviendo en una isla que, a pesar de la ruda climatología (sí, el Caribe es duro, imprevisible y muchas veces poco agradable a pesar de lo que nos intentan vender las compañías de viajes al otro lado del charco) tiene implantado un protocolo y un plan de formación e información sobre seguridad ante ese tipo de situaciones (huracanes, terremotos, tsunamis, epidemias y un sin fin de incomodidades varias) que es admirable.

La Agencia Estatal de Manejo de Emergencias y Desastres hace una labor encomiable para poder ofrecer y poner en práctica cuando se necesita las mejores acciones tanto preventivas como paliativas ante este tipo de situaciones.

Desde bien pequeña, al menos desde que tengo capacidad para ver y entender las noticias de televisión y prensa (cosa que a día de hoy todavía pongo en duda que sepa hacerlo) pude comenzar a construir en mi cabeza una imagen en la distancia sobre los efectos de la llegada de un fenómeno natural. Comencé así a elaborar en mi consciencia inconsciente una imagen a base de desconocimiento, miedo e imaginación.

No hay nada peor para la cabeza que la unión de estos tres fenómenos, pues hace que uno materialice una ficción que, a base de temor e ignorancia, se pueda convertir en realidad (en tu propia cabeza).

Ahora, viviendo ya aquí el suficiente tiempo como para estar informada, haber aprendido y haber experimentado algunas de estas situaciones naturales, puedo avanzar que las cosas han cambiado mucho de perspectiva. Especialmente porque se aprende a diferenciar grados en este tipo de situaciones, se aprende a ser precavido, descubres cosas que nunca antes te habrías planteado, priorizas y adquieres una absolutamente necesaria práctica preventiva (de la que confías poder hacer uso cuando algo de alta categoría llegue...).

Ni qué decir tiene que todo esto no anula el temor ante la llegada de cualquier tipo de situación climática inesperada, pero el desconocimiento y la imaginación han sido borradas de la cabeza, lo que hace que vivas la realidad de una manera mucho más objetiva y orientada hacia lo que realmente puede ser práctico.

Todo efecto natural, previsible o no, merece un gran respeto y una gran preparación, en especial los temblores que no avisan su llegada.

Con el texto de hoy tan solo quiero poner sobre la mesa el hecho de que, ya sea hablando de fenómenos meteorológicos o de cualquier otra cosa existente en esta vida, no hay nada peor que la mezcla de ignorancia, temor y creatividad, pues juntos construirán dentro de la cabeza una imagen ficticia en la que se puede quedar atrapado y que puede agitar interiormente con tanta fuerza que transformará la cabeza en un peligro mucho mayor que el que supone un temblor en la tierra.

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2 comentarios:

Ama dijo...

Tu nos dijiste que tenias a tu lado un talismán que mientras estubiera a tu lado allí no te/os pasaria nada grave. Otro movimiento?. Bueno, no pasa nada. Todo es cuestión de conocer. Lo que se conoce se afronta y no da miedo ni paraliza. Y por lo que nos has dicho, allí todos estos fenómenos se conocen y se sabe cómo actuar. Eso está muy bién y nos da calma. Fíjate que aquí, en tu tierra, lo más que se llegaba a hacer en los colegios es aprender a evacuar si hay incendios o avisos de bombas. Cada lugar tiene que aprender a protegerse de los fenómenos o situaciones que le atacan. Lo que estás aprendiendo allí respecto a estos fenómenos que os rodean te va a servir para toda tu vida y descendencia, estoy segura que nos va a servir a todos por mediación tuya. Que lo sepas gestionar física y emocionalmente, hija.
Muchos besosssss.

Docecuarentaycinco PM dijo...

¡Saludos Ama! Llego tarde pero llego a responder :).

Así es, MA dijo una vez que mientras estuviera a mi lado todo iría bien y, por el momento, puedo corroborar sus palabras (espero que así siga...).

Sí, hace unos días tuvimos otro movimiento, nada grave, todo sin problema. De hecho, como decía en la publicación, ni MA se enteró...

Me alega saber que mi adquisición de conocimientos os da tranquilidad, a mi, desde luego me a da, No hay como saber lo que son las cosas para poder prevenir en la medida que uno pueda y evitar malos ratos.

Las sorpresas... que solo sean para cosas buenas ;).

Un besazo y ¡FELIZ SEMANA!