Pues sí, efectivamente ayer os di plantón, pero confieso que tenía un buen motivo... ¡hoy cumplo años!.
Me tomé por ello, ayer, un domingo de desconexión, me autorregalé anticipadamente un día vago y sinsustancia ya que hoy toca dar comienzo con gran intensidad a una semana absolutamente cargada de retos y momentos complejos.
Confío que, dentro de lo posible, hoy pueda disfrutar enormemente de todas las muestras de cariño que poco a poco me van llegando y que me están dejando totalmente abrumada... por supuesto positivamente hablando, ¡faltaría más!.
Mañana compartiré con vosotros algunas de estas desbordantes demostraciones que este año estoy recibiendo de mano de personas a las que tengo mucho aprecio y, al parecer, tienen un sentimiento de afecto recíproco.
Hoy, por el momento, os hago partícipes del video de cumpleaños que mi queridísima hermana me ha hecho llegar y que ha logrado sacarme la sonrisa de buena mañana...
Estoy empezando a convencerme de que la orientación espacio-temporal no es mi fuerte, definitivamente.
El caso es que, como ya he comentado en salidas previas en 12:45pm, este año ha sido la primera vez que hemos viajado a Tierra de Origen en el periodo de vacaciones desde que iniciamos esta aventura al otro lado del océano. Hasta el momento, del tiempo que aquí llevábamos, siempre habíamos ido en Navidad, de año en año. Lo cual se hacía, como podéis imaginar, enormemente pesado, tedioso y desgarrador. Las vacaciones de Navidad se pasaban con una rapidez pasmosa, los días de luz eran más cortos, el tiempo de estancia menor y los quehaceres considerables... así que este año nos armamos de ilusión y de un buen ahorro previo (y posterior, porque regresamos también en Navidad) y nos fuimos a finales de junio a disfrutar de días más largos en luminosidad, más tiempo de estadía y menos tareas preestablecidas en comparación con las ajetreadas fiestas navideñas.
Con todo esto tan solo pretendo poneros en situación para lo que vino después.
Al regreso de nuevo a primeros de agosto, por mi cabeza ni alejadamente se había asomado la idea de que, quizás, mi orientación espacio-temporal se hubiera podido ver afectada con este cambio en la fecha de viaje. Ingenua de mí.
Si bien es cierto que la primera vez que amanecí en Tierra de Origen nuevamente, un ya remoto 4 de agosto, tras un eterno y complicado viaje de casi 48 horas en vela, tuve esa extraña sensación que casi todos habréis tenido alguna vez de desorientación y confusión en cuanto al lugar donde habéis amanecido. Hasta aquí nada fuera de lo normal, pues estas pequeñas adaptaciones forman parte de la recuperación del hábito tras un periodo de cambios de camas y amaneceres.
Sin embargo, cuando comenzaron a avanzar los días de retorno al trabajo, empecé a experimentar extrañas sensaciones de desorden y desconcierto en lo que viene a ser el calendario y las tareas laborales habituales y recurrentes.
Me explico, como hasta ahora siempre habíamos viajado en diciembre y regresado en enero, sin yo saberlo mi cabeza ya se había adaptado a esa estructura espacio-temporal. Ella entendía que cada vez que viajaba, al regreso era enero y como tal, tenía que continuar con las tareas propias de mi puesto referentes a ese momento del año. Esta ocasión no debía tener por tanto diferencia ninguna, y dado que aquí en Tierra de Acogida el clima siempre es similar, siempre calor, siempre las mismas horas de sol, siempre días parecidos, mi cabeza entendió que tras este viaje, al regresar nuevamente era enero... y así me lo ha hecho entender durante las pasadas semanas ante diferentes circunstancias en las que he tenido que para en seco y meditar, profundamente, para saber en qué momento de año me encontraba en realidad.
De esta manera, agosto se había convertido para mí de nuevo en enero.
El caso es que ahora dudo de si soy yo la que dispone de una terrible orientación o de si esto tan solo es una evidencia más de que el ser humano es de rápido acomodo a la rutina, tanto que a veces ni siquiera uno mismo es consciente de que se está produciendo ese aburguesamiento en el hábito. Terrible realidad.
Así que amigos y amigas que os asomáis intrépidos a esta ventana en este viernes de mitad de agosto, tan solo me queda deciros, recuperando unas palabras de Horace Mann, que "El hábito es como un cable, nos vamos enredando en él cada día hasta que no nos podemos desatar".
¡¡Feliz viernes a todos y todas, que la rutina de leerme no os desoriente jamás!!
Llevamos tres años y medio embarcados en esta aventura incierta. Podría escribir sobre una infinita relación de experiencias vividas, aprendizajes adquiridos, descubrimientos y autodescubrimientos (que son todavía más importantes), emociones sentidas, momentos imposibles de olvidar, recuerdos para borrar de la memoria, reflexiones rumiadas y miles de elementos más que sacuden sin piedad a la mente y al corazón.
Han sido tres años y medio concentrados, como un átomo en movimiento constante. Tres años y medio intensos y retantes.
Desde el mismo instante en el que apareció frente a mi la oportunidad, todo el camino ha estado dirigido por la superación, el trabajo (mucho de este, interno), la pasión y el deseo de vivir experiencias vitales únicas y aportar, allá donde se necesite, un poco de lo que quizás yo puedo compartir.
El momento dura un instante y no regresa, el hoy es único e intransferible, tu presente forjará tu futuro... seamos responsables con nosotros mismos, lo que hagamos, lo que decidamos ahora, definirá lo que seremos mañana.
Digamos que siempre he sido de lanzarme al vacío, con seguridad y ciertas garantías previas, eso sí, pero atrevida, porque soy consciente de que vida solo hay una. Y lo se no solo de palabra, lo se de corazón y de conducta. Soy una apasionada de la vida, de ver, sentir, experimentar, descubrir... soy una intensa vividora, pero no de esas que el diccionario tacha de aprovechada, abusadora o sacacuartos... a no ser que estos tres términos los apliquemos a la propia vida, que en ese caso sí lo soy, pues quiero aprovechar, abusar y sacar los cuartos de todas las maneras posibles al tiempo de existencia para mi beneficio vital y, en la medida en que me sea posible, también para el beneficio vital de aquellos que me rodean.
El pasado lunes dimos en Tierra de Acogida oficialmente la bienvenida al nuevo curso escolar, aunque quienes trabajamos en las profundidades de este hormiguero de enseñanza llevábamos ya algunos días más poniendo previamente todo en orden.
Como en cada nuevo inicio los nervios, las dudas, las incertidumbres, la alegría y las ganas de hacer mejor este año al anterior hicieron, en cada uno de los que formamos parte de aquel momento, acto de presencia.
Ayer, miércoles de mediados de agosto, llevábamos por tanto tres días con las puertas abiertas de nuevo, acogiendo entre nuestras paredes a niños y niñas que necesitan de nuestra ayuda y de nuestro cariño, pues dada su condición (no solo por ser niños y niñas de educación especial si no especialmente por el simple hecho de ser niños y niñas) necesitan de una extraordinaria dosis de amor y normalización... nada extraordinario a lo que debe ser en cualquier otro centro de esos a los que denominan "regular" u "ordinario".
Os cuento además que ayer fue, personalmente, un día positivo que hizo que se fortaleciera un poco más la convicción de que hace más de tres
años y medio tomamos la decisión adecuada. Tras estos años llenos de lucha,
de mucho sufrimiento, de dolor y superación, de momentos emocionantes jamás imaginados, de aprendizaje,
de descubrimiento y autodescubrimiento, de aprender a ser paciente, de
descubrir muchos mundos nuevos (sobre todo los
que tenemos dentro y que no siempre somos capaces de ver).... ayer, al fin, pude comenzar a ver tímidamente que las cosas van dando sus frutos... con calma, sin prisa, sin pausa,
mostrando una vez más nuevos retos por delante y logrando que siga retumbando en mi
cabeza tres palabras que adoro y me marcan el ritmo desde hace tiempo...
¡adelante, siempre adelante!.
Nunca desistas ante aquello en lo que
creas fielmente, se terco, si caes... levántate, si caes de nuevo... levántate... si vuelves a caer, ¡levántate!...
hazlo cuantas veces sea necesario. Llora, sufre, grita, siente el dolor más
profundo, frústrate, ten ganas de tirar la toalla pero nunca, jamás, te
arrepientas ni te des por vencido, porque si tienes algo claro, si
tienes un objetivo, tarde o temprano empezarás a notar que estás en el
camino correcto.
El esfuerzo, de una u otra manera, siempre tiene su
recompensa, lo único que tienes que hacer es seguir adelante... ¡siempre
adelante!... y rebosar paciencia, trabajo y compromiso.
La vida me ha enseñado también que este tipo de pequeños rayos de luz, de esperanzas, de oportunidades como las que ayer llegaron a mi, puede que finalmente se hagan realidad o puede que no. He sentido muchas veces la frustración de las ilusiones no cumplidas, me han puesto demasiados caramelos en los labios y cuando mi expectativa y mi anhelo estaban en pleno apogeo... me lo han arrebatado. Nunca he sido de "cuentos de la lechera" y ahora todavía lo soy menos. Así que llegados a este punto de mi propia historia, sin duda digo (y me digo a mi misma) que puede que, las pequeñas sorpresas que ayer llegaron a modo de propuesta, terminen siendo tangibles o no... en cualquier caso la alegría y la agitación por ir alcanzado retos se queda en mi. Y esto ya es motivo de sentirse feliz y satisfecho... aunque no conformista.
El tiempo me ha enseñado a ser tolerante y comprensiva con los sueños que tardan en llegar. Soy positiva, así que se que tarde o temprano harán acto de presencia, mientras tanto... ¡adelante, siempre adelante!... sin olvidar jamás, bajo ninguna circunstancia, que quien te acompaña en el camino es parte fundamental de los logros alcanzados, pues la mitad del éxito de alguien suele ser propiedad de la persona (o personas) que se ha (han) mantenido y se mantiene(n) a tu lado.
No olvides nunca que el tiempo te dará la razón pero debes saber que, de lo que hagas hoy, dependerá el tipo de razón que te de mañana.
Es curioso cómo funciona la mente humana cuando está llena de desconocimiento, miedo e imaginación.
La verdad es que leído así, de carrera, sin pausas, parece una bomba de relojería en plena ebullición. Son tres situaciones a las que por sí solas hay que tenerles cierto respeto, así que si se alían uno sabe que puede encontrarse, sin quererlo, en una situación un tanto inquieta y desagradable.
Inicio así la reflexión de hoy porque ayer en Tierra de Acogida a las 11:05pm, justo cuando gran parte de los habitantes formales, y/o que trabajamos en jornada de mañana, llevábamos una o dos horas de sueño, se produjo un temblor. Para quien desconozca esta terminología de fácil digestión mental (mucho más que el término original) temblor no es otra cosa que un terremoto.
No fue un temblor grande, fue de 4.5. Incluso hubo algunos, como M.A. que (una vez más, pues esta misma situación la vivimos hace dos meses) me hizo creer durante unos segundos que habían sido impresiones mías al estar cayendo en manos de Morfeo. Se equivocaba, lo constaté pocos minutos después de mano de amigos locales y, especialmente, de las publicaciones oficiales de la Red Sísmica y otros medios de comunicación estatales.
Por si alguien de Tierra de Origen llegado a este punto le ha entrado alguna pequeña preocupación, diré que estamos todos bien. Una vez sucedió el imprevisto, todos seguimos durmiendo.
Y a este punto quería llegar yo.
El desconocimiento, el miedo y la imaginación son tres patas para un banco inestable y tembloroso en la cabeza. Durante las pasadas vacaciones de verano en mi, de nuevo añorada, Tierra de Origen tuve una interesante charla con familiares precisamente hablando de esto y hoy, tras la vivencia de ayer, quisiera compartirlo brevemente con vosotros.
Antes de embarcarme en este viaje aventurero y cruzar el océano a Tierra de Acogida, yo, como muchos, veía con pánico y cierta admiración las imágenes en movimiento que llegaban a mi retina tras una pantalla referentes a fenómenos meteorológicos y naturales que azotaban despiadados lo que era para mi el otro lado del mundo.
No puedo evitar decir que tengo la suerte de estar viviendo en una isla que, a pesar de la ruda climatología (sí, el Caribe es duro, imprevisible y muchas veces poco agradable a pesar de lo que nos intentan vender las compañías de viajes al otro lado del charco) tiene implantado un protocolo y un plan de formación e información sobre seguridad ante ese tipo de situaciones (huracanes, terremotos, tsunamis, epidemias y un sin fin de incomodidades varias) que es admirable.
La Agencia Estatal de Manejo de Emergencias y Desastres hace una labor encomiable para poder ofrecer y poner en práctica cuando se necesita las mejores acciones tanto preventivas como paliativas ante este tipo de situaciones.
Desde bien pequeña, al menos desde que tengo capacidad para ver y entender las noticias de televisión y prensa (cosa que a día de hoy todavía pongo en duda que sepa hacerlo) pude comenzar a construir en mi cabeza una imagen en la distancia sobre los efectos de la llegada de un fenómeno natural. Comencé así a elaborar en mi consciencia inconsciente una imagen a base de desconocimiento, miedo e imaginación.
No hay nada peor para la cabeza que la unión de estos tres fenómenos, pues hace que uno materialice una ficción que, a base de temor e ignorancia, se pueda convertir en realidad (en tu propia cabeza).
Ahora, viviendo ya aquí el suficiente tiempo como para estar informada, haber aprendido y haber experimentado algunas de estas situaciones naturales, puedo avanzar que las cosas han cambiado mucho de perspectiva. Especialmente porque se aprende a diferenciar grados en este tipo de situaciones, se aprende a ser precavido, descubres cosas que nunca antes te habrías planteado, priorizas y adquieres una absolutamente necesaria práctica preventiva (de la que confías poder hacer uso cuando algo de alta categoría llegue...).
Ni qué decir tiene que todo esto no anula el temor ante la llegada de cualquier tipo de situación climática inesperada, pero el desconocimiento y la imaginación han sido borradas de la cabeza, lo que hace que vivas la realidad de una manera mucho más objetiva y orientada hacia lo que realmente puede ser práctico.
Todo efecto natural, previsible o no, merece un gran respeto y una gran preparación, en especial los temblores que no avisan su llegada.
Con el texto de hoy tan solo quiero poner sobre la mesa el hecho de que, ya sea hablando de fenómenos meteorológicos o de cualquier otra cosa existente en esta vida, no hay nada peor que la mezcla de ignorancia, temor y creatividad, pues juntos construirán dentro de la cabeza una imagen ficticia en la que se puede quedar atrapado y que puede agitar interiormente con tanta fuerza que transformará la cabeza en un peligro mucho mayor que el que supone un temblor en la tierra.
Siempre me ha parecido enormemente curioso y apasionante el comportamiento humano en todas sus dimensiones. Para mi es algo tan atrayente, conmovedor y sorprendente que casi diría que forma parte de mi personalidad el entusiasmo hacia el descubrimiento continuo de lo más recóndito de nuestra cabeza.
Por supuesto, tras algunas dudas iniciales propias de la edad y las circunstancias, mis estudios formales se encaminaron hace ya algunos años hacia esta vertiente. Y, por supuesto también, de siempre parte de mis entretenimientos en la vida están relacionados con esta temática. Nunca dejo de asombrarme y aprender, es como si fuera un pozo sin fondo de descubrimientos al que hace muchos años me lancé y del que no quiero salir.
De entre el prisma complejo en el que se estructura la personalidad y el carácter, hay un área que es, sin duda, enjambre de curiosidad hipnótica, y no es otra que las emociones.
Tema complejo que nunca deja de sorprenderme. Podría compartir páginas y páginas en esta ventana sobre las propias experiencias y sobre mi propia opinión al respecto, pero se que no es lugar ni soy quién para dar ninguna clase magistral sobre el tema.
Sin embargo, hoy quiero expresar una curiosidad de la que ayer fui protagonista en primera persona. Tras un día complicado emocionalmente (alegrías y tristezas en un solo paquete), a la noche, en la tranquilidad de mi cama, me vino de pronto un pensamiento a la mente. Es curioso cómo, sin llegar a conocer personalmente a alguien, su fallecimiento puede causarte tristeza y dolor. Por supuesto no es el desgarro de un familiar o un amigo cercano, pero la muerte, el dolor, el sufrimiento de otros a los que nunca se ha conocido en cuerpo y alma presente, puede tocar la emoción igualmente.
Eso me hace confirmar que las relaciones humanos son redes entretejidas, quizás yo no conocía en presencia a esa persona que se ha ido, pero muchos de los que me rodeaban sí. Su espíritu, su esencia, su personalidad de alguna manera ha quedado presente en el ambiente y eso sí lo puedo sentir.
Ayer viví una triste despedida relacionada con mi trabajo. Dijimos adiós a una persona luchadora a la que, como adelantaba, no tuve el placer de conocer en persona, pero gran parte de mis compañeros sí pudieron aprender y compartir tiempo con ella. Con eso es suficiente para mí, ya tenía la sensación de que ella también hubiera formado parte de mi vida. Participé por tanto de la tristeza de su partida.
En el funeral se dijeron palabras muy sabias, pero hubo una reflexión que me caló hondo... "Al morir no nos entierran, porque enterrar algo significa olvidar. Al morir nos siembran, porque todo lo que hayamos cultivado en vida será recogido por otros tras nuestra despedida".
No puedo estar más de acuerdo.
Y como tal, con esa siembra, quiero mostraros unas imágenes que saqué ayer. Más allá de parecer tétrico o lúgubre, quiero ofrecer unas imágenes de paz y belleza, pues un camposanto estructurado de la siguiente manera me parece de una belleza inmensa... sobre todo por el hecho de que muestra cómo nos vamos de este mundo, sin clases, sin rangos, sin riquezas ni pobrezas... en este modelo de camposanto no hay jerarquías ni clases, porque a la hora de la despedida las cosas materiales de nada nos sirven... y para mi no hay mayor belleza que esa.
Nacemos desnudos de ropajes y morimos desnudos de espíritu, lo que decidamos hacer entre ambos sucesos es decisión personal... yo prefiero aumentar mis riquezas de espíritu, al fin y al cabo las riquezas de ropaje no se siembran ni se recogen cuando ya no estemos presentes.
NOTA. En la noche de ayer el mundo recibió también la triste noticia de que Robin Williams había partido. Este escrito también se lo dedico a él, su siembra en esta vida ha sido inmensa y muchas de sus películas han formado parte de lo que al principio de este escrito relataba, mi pasión por conocer más sobre el carácter humano. DEP.
..................
El Rey Pescador es una de mis películas favoritas... aquí un pequeñísimo fragmento.