lunes, 23 de febrero de 2015

DÍA 786: "Cuéntanos por qué tienen surcos las montañas" (AMA para "El reto de las 100.000")

CUÉNTANOS POR QUÉ TIENEN SURCOS LAS MONTAÑAS

Os voy a contar un cuento. Todo comienza así.                                                                                  
Había una vez, en un lejano país, una alta montaña en cuya cima se encontraba una húmeda y preciosa pradera.
Un buen día, un pequeño manantial supo ganar su espacio y he de deciros que con verdadero éxito.
Con el paso de los días, este pequeño manantial fue creciendo y poco a poco se convirtió en una hermosa alfaguara.
Los días iban transcurriendo con normalidad, plácidos, serenos, felices.
Llegó el día en que la campiña fue descubierta y a partir de ese momento cada vez más visitada por grupos de amigos que se reunían alrededor de la alfaguara y mientras charlaban y departían, comían y descansaban, bebían de sus frescas y claras aguas. La bautizaron con el nombre de AMISTAD.
Pero en un momento todo cambió. Una mañana, de pronto, todas las avecillas que allí moraban comenzaron a volar con tal ímpetu que pareciera que en ello les iba la vida. Nadie podía entender el por qué de tan extraño comportamiento.
Ni tres horas habían pasado cuando se empezaron a escuchar, a lo lejos, grandes estruendos. Al poco y sin ninguna dificultad comenzaron a visualizarse en el firmamento enormes masas grises, casi negras, que con total libertad se acercaban velozmente hacia la llanura y se les veía compartir  con gran impunidad el espacio con enormes y largos haces de luz y con aterradores y ensordecedores estruendos.
Amistad no pudo luchar contra lo que se le venía encima así que se dejó hacer. Y lo que ocurrió es que toda aquella hecatombe universal que se produjo le dio vida y sintió como sus aguas crecían y crecían. Se comenzaron a disgregar y desplazar por la pradera. Al principio de forma lenta pero al poco notó que todo su manantial corría hacia un camino desconocido y notaba cómo iba taladrando el suelo a su paso. Sintió cómo  el suelo que recorría ya no era plano. Comenzó a descender y descender y descender… de tal forma que su, para ese momento, gran flujo, formó una importante torrentera.
Y paró. Llegó por fin a un gran lago conocido con el nombre de Lago AMOR.
Cuando sus aguas se serenaron pudo observar el entorno al que había llegado. Vio como varias familias con sus pequeños chilindrines y sus medianos burriatos, jóvenes parejas y parejas ya de una edad, pasaban un feliz y tranquilo día de asueto, ajenos e ignorantes de la experiencia que a éste manantial, tan pichurri días atrás, le había ocurrido. La cultura le había invadido.

http://rutassinperderse.blogspot.com/2011/07/3-etapa-tmb-refugio-le-balme-refugio.html

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