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miércoles, 31 de julio de 2013

DÍA 372: ¡¡HOY SOPLAMOS DE NUEVO LAS VELAS!!

Y aunque yo siempre me niego... tú seguirás cogiéndome de la mano para darme equilibrio... 
¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!

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lunes, 27 de mayo de 2013

DÍA 307: Diccionario de Te Quieros (Vol. 2)

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¡¡ANÍMATE Y ELIGE EL FINAL QUE MÁS TE GUSTA PARA LA PROPUESTA DEL "DÍA 266: PUNTOS SUSPENSIVOS..."!!

¡SOLO TIENES QUE DAR TU VOTO EN LA ENCUESTA DEL MENÚ DE LA DERECHA EN ESTE BLOG!

El plazo de votaciones finaliza en 31 de Mayo... ¡SUERTE!

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martes, 2 de abril de 2013

DÍA 252: Pinceladas de nuestro retiro

Hacía tiempo que no publicaba una salida en imágenes, creo que hoy la situación merece retomar esta buena costumbre, pues tras unos días de descanso hoy por esta Tierra de Acogida retornamos a la normalidad agitada del día a día... además estos últimos meses, trabajando donde trabajo, serán absolutamente intensos pues supone el cierre del curso... así que espero que las imagenes que aquí comparto sirvan para desconectar y soñar, a través de nuestras retinas, con mundos que aunque parecen ilusiones ficticias quizás estén más cerca de lo que imaginamos.

Espero que os gusten estas pinceladas de lo que ha sido nuestro retiro de la semana pasada...

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
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domingo, 24 de febrero de 2013

DÍA 215: En blanco y negro*

* Propuesta hecha por Jaime en el "DÍA 200: Jornada de objetivos abiertos". En este caso la imagen que me envía Jaime lleva la firma de un artista con el objetivo, pues quien realizó esta instantánea fue el propio Jaime (a quien le encanta la fotografía y además se le da estupendamente bien). El paisaje que me envía en esta ocasión me resulta tremendamente conocido pues durante varios años residí al lado (hasta el punto de en que en los últimos tiempos podía observar desde casa un pedacito de este imponente edificio). Veamos cuál ha sido el resultado de la inspiración de hoy...
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Amaneció el día gris y descolorido,
apagado, fundido, lentamente consumido.

Sin aire, sin sentido, sin presencia, sin olor, 
sumido estaba el día en aquel lento estupor.

Y yo, como cada mañana, me afano en mi tarea,
concertada me preparo para la laboral pelea.

Me acicalo, desayuno ejercito mi complexión,
planifico la rutina, analizo la situación.

Finalmente abordo la calle, con energías renovadas,
el descanso de cada día me da las fuerzas deseadas.

Pero aquella mañana el paisaje había cambiado,
el día estaba triste, incoloro y desplomado.

 Comienzo mi caminar con la faena asignada,
llevo, traigo, cargo y garantizo una entrega asegurada.

Mensajera en este mundo,
que hoy se torna moribundo.

Subo, bajo, cruzo y desando,
paso todo el día caminando.

Y entre ida y vuelta miro el paisaje,
aquel enorme edificio de piedra y solemne anclaje
que me observa cada día, en cada peregrinaje.

Ensimismada lo diviso desde mi peculiar posición,
ventanales, columnas,  una enorme bóveda... impresionante sensación.

Pienso mientras el monumento escudriño
que el día tiene impreso, de su piedra, el mismo color.

Tonos negros, grises, pálidos, desvaídos,
todo parece muerto a mí alrededor.

Y mientras medito sobe aquel extraño suceso de paleta de pintor,
una pareja se acerca, se acerca peligrosa a mi posición inferior.

Caminan serios, con actitud de enorme desolación,
yo los miro desde abajo y les escucho con atención...

"El país está sumido en pavorosa confusión,
quizás llegó el momento de tomar la decisión.

Crucemos ahora el Océano, crucemos con determinación.
Este gris es una alerta, un aviso a la razón"

 Y yo, hormiga perpleja y desconcertada,
quedo pensativa, por aquellas palabras silenciada.

La pareja camina lenta hacia el palacio, apesadumbrada,
y allí quedo pensativa, por el blanco y negro embrujada.

Regresé al hormiguero aquel día, donde el tiempo quedó inmovilizado,
con el firme pensamiento de animar a todo el nido, unión de poderes acallados,
para unir por fin nuestras fuerzas y devolver al país el color robado.

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viernes, 22 de febrero de 2013

DÍA 213: Hebras de fino pensamiento*

* Propuesta hecha por Olga en el "DÍA 200: Jornada de objetivos abiertos". La imagen que me envió Olga, además de tremendamente hermosa es un desafío inmenso, pues la captura que me hizo llegar es la imagen del cerebro mostrando las curvas de fibras neuronales de MGH-UCLA HUMAN CONNECTOME PROJECT. Como bien compartía Olga en su email, vio la fotografía en el artículo de un periódico y quedó impactada, pues como se describía en dicho artículo es una imagen muy simple de la maravilla de nuestra mente. Veamos qué salió de mi inspiración con este complejísimo reto.
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http://www.joseantoniocobena.com/?p=2536
Entre telares entretejo sueños e ilusiones por caminos complejos.

Con hilos hilvano uno a uno los recuerdos, puntada a puntada con aguja confecciono mis propios acuerdos.

Madejas de lana en colores alborotados, amarillo, verde, morado... ovillos y conexiones de ilimitados entramados.

Hebra a hebra remiendo infinitas evocaciones... tejo, coso, arreglo... ensamblo un corazón y mil razones.

Aguja en mano, mi biografía trastocada, con suma paciencia zurzo e hilvano.

Bordar los bordes y dejar un acabado delicado, cada puntada en su sitio y el pespunte final ocultado... igual que el pensamiento en palabra verbalizado, terminar un remate con colofón anudado.

Ganchillo de fina punta, croché en la mente trenzado. 

Asombroso prodigio el del cerebro humano con sus fibras neuronales conectadas con pulcro  pulso de cirujano.

Amalgama  de colores, de vívidas alegrías y enmarañados temores.

Telar de maravillas combinadas, la mente del hombre, patrón sin sutura de mil vidas trazadas.

Sinapsis en mil colores como mil reflejos tiene la inteligencia de la que somos, 
cada día, 
incansables editores.

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miércoles, 20 de febrero de 2013

DÍA 211: Esencialmente la esencia*

* Propuesta hecha por Javier en el "DÍA 200: Jornada de objetivos abiertos". En este caso el desafío que me llega es una conocida y preciosa imagen en blanco y negro realizada por Robert Doisneau, un beso histórico, un significativo beso. Nuevamente una elección magnífica y un reto complejo, pues, como suele pasar, la fotografía propuesta evoca y provoca miles de sensaciones y emociones diferentes. Finalmente la inspiración me llevó por estos derroteros.
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http://www.shoppingwithcaroline.com/2011/01/dame-un-beso-de-pelicula.html
  
Entré a la acogedora cafetería casi sin hacer ruido, colándome silenciosa como el suspiro liberado tras un sí quiero.

Deseosa de disfrutar de un delicioso café caliente con dos dedos de espuma y olor a añoranza reconfortante elegí, de entre todas las mesas libres a esa hora de la tarde, la más cercana al gran ventanal.

Mientras los rayos grisáceos del atardecer se hacían paso entre conversaciones y arrumacos yo iba deshaciéndome de todo el ropaje que minutos antes me había protegido del frío cortante en aquel anochecer pausado de un Domingo cualquiera de Noviembre. Para cuando llegué a la mesa de hierro forjado y cristal alegremente decorado no me quedaban manos libres de atavíos, llegar a ella sorteando las pequeñas mesas circulares abarrotadas de parejas enamoradas, miradas cómplices, copas de champán, cafés y vinos sin derramar un solo recipiente fue, sin lugar a dudas, toda una heroicidad.

Me senté desplomada y complacida sobre la silla ubicada frente al gran marco de vidrio que mostraba, como en una película muda, el transitar sosegado de una ciudad una tarde de día festivo. Descargué las vestimentas de finales de frío Otoño sobre una segunda silla que quedaba vacía junto a mí... y suspiré como quien exhala una añoranza demasiado tiempo encarcelada. Me sentía tranquila y feliz.

El camarero, con experimentada y circense costumbre se acercó hasta donde me encontraba ubicada. Con su bandeja de madera tallada y cromada en cálidos colores en lo alto de su brazo, la mirada inmóvil en su objetivo, el paso ligero y una habilidad asombrosa esquivaba alegre el laberinto de mesas que dificultaban la llegada a mi cómodo emplazamiento. Tan solo sufrió en su camino un pequeño tropiezo provocado por el enredo de una bufanda de lana que había quedado enredada entre las patas de una silla abandonada. Superó el incidente con soltura y coreográfico equilibrio, lo que provocó un tímido aplauso de emoción entre algunos de los presentes... incluyéndome yo.

Le ordené un espumoso café capuchino y un croissant recién horneado como acompañamiento. Era día festivo, me daría un pequeño capricho. Y le regalé, antes de irse a preparar el encargo, una agradecida sonrisa de complicidad y complacencia.

Mientras esperaba el pedido me perdí en la filmación a tiempo real que se deslizaba tras el ventanal frente a mí. Un hombre sentado en la terraza exterior del local conversaba animado y sonriente con una bella muchacha de pelo rubio y boina de suave lana ladeada, quedaban a la izquierda de mi mirada tras el cristal y no incomodaban mi visión fotográfica, así que me sentí afortunada por la elección de mi mesa una vez más.

Al fondo, la calle era un entramado de vehículos que iban y venían cruzándose rítmicos entre sí sin orden aparente. En segundo plano una marea de personajes sin esencia que caminaban ausentes buscando el cobijo cálido que el paso rápido podía darles en el final de una gélida tarde sin tiempo.

Hacía unos minutos que el capuchino reposaba paciente en la mesa protegido por mis brazos, pero no fue hasta que mis dedos acariciaron sin querer el delicado plato de borde dorado que me percaté de su presencia. La vida de la calle, sus idas y venidas, sus ruidos silenciados por el amplio vidrio transparente me habían atrapado de una manera hechizante, abrumadora y hospitalaria... el frío del exterior había quedado reducido a un lejano recuerdo, a una quimera de un pasado adormecido.

Tomé la tacita suavemente con mis manos y la elevé haciendo equilibrio y contrapeso con mis dedos ansiosos. En el preciso instante en el que mis labios rozaron el borde de la taza de porcelana humeante y el café caliente con aroma a chocolate inundó mi boca, remonté nuevamente mis párpados y dirigí la mirada hacia el gran ventanal... y allí los vi... lejos de la ciudad... lejos de mi mirada y del ensordecedor ruido de las insensibles calles en el atardecer de un frío día festivo de Noviembre... allí, en el centro del gran ventanal, dos enamorados creaban su universo de amor implosivo, haciendo estallar sus corazones bajo los abrigos con un beso robado a la intemperie de las grises calles metropolitanas.

Y fue en ese momento, bajo el embrujo de aquella película muda, muda de amor y ternura, muda de todo pensamiento anodino e insustancial, muda y embelesada... y teniendo todavía el sabor del chocolate en la comisura de los labios, cuando un reconocido sonido me despertó del letargo apasionado e hizo que girara instintivamente la cabeza.

Ahí fue cuando lo vi, soltando el pulsador y escondido detrás del objetivo de su pesada cámara, capturando el momento desde su mesa extraviada en aquella marea de sillas y charlatanes al cobijo de una cafetería cualquiera en el centro de la ciudad... una mirada soñadora y de aventurero cazador de historias singulares me hizo sospechar que aquel hombre, más allá de ser indiscreto artista de la imagen revelada, era un explorador de esencias y cualidades excepcionales extraviadas entre aceras y asfalto con olor a humo y soledad.

Se percató inmediatamente de mi mirada indiscreta y, sonrojándose como solo lo hacen los niños a los que se les acaba de descubrir cometiendo un acto inapropiado e impuro, entornó la mirada, guardó su cámara con suave experiencia y se incorporó diligente caminado con prisa hacia la salida del local, removiendo a su paso el humo que serpenteante se deslizaba entre mesas y conversaciones.

Yo quedé inmóvil, mirando estática hacia donde aquel extraño había apresado con su lente fotográfica un momento de intensa emoción hacía tan solo unos segundos. Notaba su energía, aquel extraño halo de locura y grandiosidad que solo los hombres que hacen historia desprenden. Sobre la mesa vacía y abandonada, tan solo una servilleta aplastada manchada con algunas gotas de tinta negra todavía húmeda y centelleante. 

Me levanté con agilidad, dejé unas monedas sobre el plato dorado que había sostenido mi café algunos minutos atrás, cogí resolutiva la maraña de ropa hibernal que reposaba ajena en la silla contigua y, con un discreto saltito, alargué el brazo recuperando la bolita de papel desordenada que el misterioso fotógrafo había abandonado desinteresado sobre su mesa en aquella cafetería llena de vapor e historias inconfesables... la guardé con disimulo en el bolsillo de mi chaqueta de punto color pastel... y comencé mi huidizo caminar.

Crucé la puerta sintiendo cómo mis pies se deslizaban etéreos sobre el suelo... embelesada, ingenua, soñadora... 

... caminé unos pasos hacia mi derecha y al llegar al lugar desde el que hacía unos minutos una pareja de enamorados se besaba apasionadamente ignorando que aquella muestra de amor eterna había sido congelada por un carrete de celulosa en blanco y negro, miré hacia dentro de la cafetería, desde el otro lado, regalándome ahora el marco de cristal una imagen invertida, el escenario de la película había cambiado, mostrándome escenas de un bar agitado, lleno de historias extravagantes y estrepitosas... 

... y yo allí, de nuevo hechizada, de pie rodeada de transeúntes que caminaban ignorantes junto a mi, empujándome suavemente con su atropellado caminar... ausente, evadida, evasiva.

Introduje cautivada la mano en la chaqueta de punto y extraje la bolita de papel y tinta escarchada... la desdoblé con nerviosismo y mastiqué con la mirada su delicada caligrafía, saboreando pausadamente el susurro de las palabras impresas...

"París es un teatro en el que se paga asiento con el tiempo perdido. 
Y yo sigo esperando. 
Fdo. R.D."

... escuché en ese momento el sonido del pulsador de su cámara aprisionadora de esencias irrepetibles, sabía que yo era su objetivo, notaba su cautivadora presencia escondido entre los dinámicos viandantes. 

Me giré con rapidez y ví a un hombre salir huyendo, supe que era él, su alma dejaba un inconfundible rastro de fragancia a vida y a tesoros escondidos.

Eché a correr, siguiendo la dirección de sus pasos. Sin tiempo que malgastar, perdiéndome entre la gente, entre memorias, entre besos robados, conversaciones, caminantes y ráfagas de frío Otoño... buscando la esencia de una aventura que me hiciera abandonar el asiento de comodidad por el que llevaba demasiado tiempo pagando en aquella asombrosa ciudad de luces cegadoras y sombras errantes... buscando mi esencia en la cámara de un enigmático fotógrafo, ladrón de soledades tras una gran vidriera de cristal cinematográfico y de objetivos de mágicas habilidades.

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lunes, 4 de febrero de 2013

DÍA 195: La quietud susurrante

Las ramas chocaban al compás del viento convirtiéndose en batutas de sonoras orquestas arbóreas. Sonidos susurrantes en las profundidades de un bosque donde el Sol se filtraba indeciso y tímido entre los huecos que la espesura concedía condescendiente a la oscuridad.

No serían más de las nueve de la mañana y el sosiego dominaba aquel paraje sacudido tan solo por el seco aleteo de algún pájaro vespertino.

Un camino cubierto por hojarasca y barro seco configuraba un lienzo de delicados detalles en relieve, una lámina de realismo artístico lleno de sutilezas y detalles casi imperceptibles, belleza convertida en lienzo para la vívida naturaleza.

El aire jugaba con habilidad entre los troncos de los árboles, esquivando el zarpazo de su filosa corteza, retozando entre ajadas hojas que reposaban pacientes en la superficie confiando en su pronta metamorfosis en humus, aguardando su embrujada transformación de muerte en vida... asegurando el ciclo natural del bosque y su subsistencia amenazada

Quietud y reposo. Tiempo inmovilizado en una mañana invariable.

Una mujer solitaria y meditativa avanza por el sendero aplastando las hojas a su paso, haciendo crujir el camino como pan recién horneado, dejando tan solo tras de sí las huellas de sus botas y sus pensamientos enmarañados.

Caminaba sin titubeos, apoyada tan solo en un bastón de madera, una rama partida que encontró abandonada entre la maleza y al verla decidió darle uso... deseando que alguien, en algún momento, hiciera lo mismo con ella, ayudándola a dejar de sentirse báculo olvidado en la vereda del camino, ayudándola a recobrar de nuevo ese sentimiento lejano de mujer irremplazable.

Se alejaba la mujer por el camino de seco lodo y caída hojarasca... paseando una tranquila mañana de otoño, serena y segura, hacia el río... donde haría desembocar su pesar y amargura, donde el agua, con su torrente reconfortante, arrastraría al olvido el pesado lastre de su rebosante mochila.

 
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sábado, 12 de enero de 2013

DÍA 172: [DIARIO NAVIDEÑO 23] Un día en imágenes

Y así fue, en fotogramas, como viví y recordaré el DÍA 171...
... el último día antes de mi regreso a la Tierra de Acogida tras unas Navidades absolutamente inolvidables...

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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