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sábado, 15 de marzo de 2014

DÍA 598: Luces y sombras

Los chasquidos de las ramas bajo sus pies daban al ambiente un aspecto todavía más tenebroso.

El silencio lo envolvía todo con su manto de atmósfera inquietante, cortado tan solo por el espontáneo canturreo de un cuco desorientado en la noche más oscura que jamás se hubiera podido imaginar.

El crujir seco de hojarasca y madera se hacía cada vez más prolongado, como si unos voladizos pasos estuvieran agilizando el caminar... todo presagiaba que en pocos segundos el caminante iniciaría descontrolado una carrera hacia ninguna parte.

http://es.akatsukiafterlife.wikia.com/wiki/Gaiden:_Viaje_al_Bosque_de_la_Desolaci%C3%B3n

La luna intentaba hacerse paso a través de la cerrada frondosidad y cuando lograba escapar de la cárcel de espesura hecha de enmarañados troncos, iluminaba levemente los secretos que el bosque encerraba con cautela en la medianoche.

Los pasos se alejaban con premura, llenos de angustia, impaciencia y temor.

El cuco cantó por última vez y todo quedó impregnado de soledad. La humedad se hacía palpable en un aire que presagiaba tormenta y alboroto de gotas chocando contra la tierra.

Desconcierto pasadas las doce de una noche perdida en el tiempo. Imagen de una pesadilla de infancia hecha selva y abandono, un cuento de Kafka en un escenario boscoso, el corazón delator de la naturaleza eclipsada en una noche de luna llena.

Luces y sombras en la tierra de nunca jamás, sin tiempo, sin memoria.

Y dentro de este esperpéntico escenario, la huida incansable y eterna de unos pasos a través de los delirios más profundos creados en la etérea quimera que toda mente aterrada pudiera imaginar.

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lunes, 4 de febrero de 2013

DÍA 195: La quietud susurrante

Las ramas chocaban al compás del viento convirtiéndose en batutas de sonoras orquestas arbóreas. Sonidos susurrantes en las profundidades de un bosque donde el Sol se filtraba indeciso y tímido entre los huecos que la espesura concedía condescendiente a la oscuridad.

No serían más de las nueve de la mañana y el sosiego dominaba aquel paraje sacudido tan solo por el seco aleteo de algún pájaro vespertino.

Un camino cubierto por hojarasca y barro seco configuraba un lienzo de delicados detalles en relieve, una lámina de realismo artístico lleno de sutilezas y detalles casi imperceptibles, belleza convertida en lienzo para la vívida naturaleza.

El aire jugaba con habilidad entre los troncos de los árboles, esquivando el zarpazo de su filosa corteza, retozando entre ajadas hojas que reposaban pacientes en la superficie confiando en su pronta metamorfosis en humus, aguardando su embrujada transformación de muerte en vida... asegurando el ciclo natural del bosque y su subsistencia amenazada

Quietud y reposo. Tiempo inmovilizado en una mañana invariable.

Una mujer solitaria y meditativa avanza por el sendero aplastando las hojas a su paso, haciendo crujir el camino como pan recién horneado, dejando tan solo tras de sí las huellas de sus botas y sus pensamientos enmarañados.

Caminaba sin titubeos, apoyada tan solo en un bastón de madera, una rama partida que encontró abandonada entre la maleza y al verla decidió darle uso... deseando que alguien, en algún momento, hiciera lo mismo con ella, ayudándola a dejar de sentirse báculo olvidado en la vereda del camino, ayudándola a recobrar de nuevo ese sentimiento lejano de mujer irremplazable.

Se alejaba la mujer por el camino de seco lodo y caída hojarasca... paseando una tranquila mañana de otoño, serena y segura, hacia el río... donde haría desembocar su pesar y amargura, donde el agua, con su torrente reconfortante, arrastraría al olvido el pesado lastre de su rebosante mochila.

 
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