domingo, 10 de agosto de 2014

sábado, 9 de agosto de 2014

DÍA 712: Los sábados duran más de 24 horas


 Lápiz, papel, un suspiro y una sonrisa... y de pronto, frente a ti, ¡explota el sabado!.


Los sábados duran más de 24 horas, por eso es importante organizarse bien y aprovecharlo al máximo.

¡Feliz día a todos/as!

http://www.dibujemos.com/artistica/images/midiendo-sonrie-01.jpg
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viernes, 8 de agosto de 2014

DÍA 711: El hábito no hace al monje, pero hace que uno se crea monje

http://de10.com.mx/img/promos/Que-es-la-memoria-humana.jpg
Me siento delante de la siempre retante pantalla parpadeante del ordenador y me pregunto en silencio... "Y hoy.... ¿qué puedo contar yo hoy?"... no obtengo respuesta, tan solo hay eco retumbando en mi inspiración malacostumbrada tras semanas de vacaciones e interrupción.

De pronto, como el fogonazo de un flash inesperado, lo veo todo claro.

"Semana esta de recuperar hábitos"... me vuelvo a susurrar en silencio.... "semana de adaptación, reaprendizaje, recuerdo y agitación interna".... me justifico a mi misma con motivante intención.

El caso es que hace siete días pensaba que este retorno iba a ser muchísimo más duro, estaba plenamente convencida de que tres cuartas partes de los trabajos que realizo día a día en Tierra de Acogida se habían borrado por completo de mi cabeza. Existía incluso una altísima probabilidad hasta de que se me hubiera olvidado cómo se camina en este lado del mundo. Por supuesto, a estas alturas del regreso, confirmo que aquellos inquietantes pensamientos eran simples falacias intimidatorias. 

No solo recuerdo absolutamente todo si no que tengo la extraña sensación de que nunca me fui de aquí, como si me hubiera reincorporado con más descanso y fuerza por arte de magia. Como si las vacaciones hubieran sido un sueño lejano y confuso. Como si todo existiera tan solo en mi cabeza. Ficciones desconectadas para sobrellevar la lejanía y el hábito anquilosado.

Y nuevamente, como un grito de sorpresa espontáneo, de esos que hacen que des un saltito sobresaltado, aparece en mi cabeza una reflexión repentina... "el hábito no hace al monje... pero hace que uno se crea monje"... y ciertamente amigos y amigas, algo así es lo que parece ser que me ha sucedido a mi. La distancia y el regreso a Tierra de Origen no hicieron que se borrara todo de mi cabeza, pero lograron confundirme por unos instantes haciéndome creer que la amnesia selectiva (esa que en este caso se aplica al trabajo) había hecho acto de presencia de manera perversa.

Por supuesto también puedo darle otra interpretación que me resulta, a día de hoy, más tranquilizadora... todavía me queda mucho por aprender, no soy monje ni mucho menos, pero la cabeza es lo suficientemente inteligente como para, en ciertos momentos, hacerte creer que lo eres y así superar los imprevistos de una manera asombrosa.

Nunca confiéis al 100% de vuestras capacidades, mantener un nivel de alerta constante es muy positivo, saber que no se sabe todo es el primer paso para avanzar. Sin embargo, de vez en cuando es bueno que os pongáis el traje de monje (alquilado temporalmente) y saquéis todo vuestro talento escondido estando seguros de que no hay sobre la faz de la tierra monje más monje que vosotros.

Siempre y cuando creeros monjes no haga daño a nadie ni a vosotros mismos, pues adelante, habituaros y creeros monjes por un ratito, os hará sentir seguros y más tranquilos... eso sí, no os acomodéis en el traje, pues si lo hacéis os aseguro que terminaréis rasgándoos las vestiduras, y enfrentarse a la vida desnudo (de capacidades y nuevos aprendizajes) hará que la batalla termine pudiendo con vosotros.

¡Feliz viernes amigos!... voy a disfrazarme, que por aquí comienza el día y promete ser lo suficientemente retador como para creerme monje por unas horas.
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jueves, 7 de agosto de 2014

DÍA 710: En las profundidades del océano

 Hoy publico entrada rápida y de gran profundidad. 

Voy tarde... tarde.... tardísimo. Cosas del jet lag dicen que es, así que aquí os dejo un video impresionante que llegó a mi retina hace poco tiempo y que me tiene profundamente anonadada. 

¡Disfrutadlo mucho y feliz jueves!

miércoles, 6 de agosto de 2014

DÍA 709: Puntas de lanza en mi costado

http://gsesportes.com.br/wp-content/uploads/2013/06/dor_nas_costas.jpg

Espinas por huesos en mi costado
se clavan insensibles con mala intención.

Dolor de espalda desde el pasado sábado,
sobrepeso en las maletas, lacerante vuelo en avión.

Corriente angustiosa por mi espinazo malparado.
Tortura, suplicio, tormento, aflicción.

Lumbares maltrechos, lomo maltratado.
Reverso indispuesto, terrible condición.

Me muevo despacio, con paso pausado.
No puedo girarme, ¡que mala tracción!.

Ni corro, ni estiro, ni doblo hacia un lado.
Encorvarse... vetado, doblarse... prohibición.

"Paciencia", me digo al sentarme encorvado,
"paciencia, querido, paciencia y medicación".

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martes, 5 de agosto de 2014

DÍA 708: "17 cosas que cambian para siempre cuando vives en otro país"

Ayer un muy buen amigo, residente además de 12:45pm, nuestro querido Jaime, me hizo llegar el enlace a un acertado artículo con el que me siento absolutamente identificada. Todos y cada uno de sus puntos sin excepción son una realidad en mi vida actual.

Me pareció una forma preciosa de sintetizar lo que se siente cuando te vas a vivir a tu particular Tierra de Acogida, es decir, el artículo no es otra cosa que una simplificación de lo que supone vivir en el extranjero... su título lo resume todo: "17 cosas que cambian para siempre cuando vives en otro país".

Publicado el 10 de mayo de 2014 por Angie Castells en el blog "Más Edimbugo" el texto en cuestión dice lo siguiente (lo cojo prestado de la página original):


"A punto de preparar nuestra tercera mudanza en pocos años, miro hacia atrás y sé que apretujar nuestra vida en una maleta y mudarnos a otro país fue una de las mejores decisiones que hemos tomado jamás. Porque cuando te marchas, cuando conviertes tu vida en viaje e incertidumbre, creces.


Te enfrentas a nuevos retos, descubres en ti facetas que desconocías, te sorprendes y te dejas sorprender por el mundo. Aprendes y amplías tus perspectivas. Desaprendes y, a base de algún golpe y unas cuantas lecciones, creces en humildad. Evolucionas. Añoras… y creas recuerdos que ya no te abandonarán. Si alguna vez has vivido o viajado durante una temporada lejos de casa, seguro que te sientes identificado con estas 17 cosas que cambian cuando vives en otro país.

http://masedimburgo.com/2014/05/10/cosas-que-cambian-para-siempre-cuando-vives-en-otro-pais/#
1. La adrenalina no te abandona.

Desde el momento en el que decides marcharte, tu vida se convierte en un vaivén de emociones, de lo inesperado, de aprendizaje e improvisación. Los sentidos nunca duermen, y durante un tiempo destierras la palabra rutina de tu vocabulario para dejar paso a la adrenalina. Nuevos lugares, nuevas costumbres, nuevos retos, nuevas personas… La sensación de comenzar de cero debería asustarte, pero resulta adictiva.

2. Pero, a la vuelta… todo sigue igual.

Así que, cuando vuelves unos días al hogar, te sorprende que todo siga igual. Tu vida ha cambiado a un ritmo frenético, y llegas cargado de vivencias y con unos días de vacaciones por delante. Pero en casa todo transcurre a su ritmo habitual. Los demás siguen haciendo malabarismos con las obligaciones cotidianas, y comprendes… que la vida no se detiene para ti.

3. Te faltan, y te sobran, las palabras.

Cuando te preguntan cómo va todo, te cuesta encontrar palabras adecuadas. Luego, sin embargo, tienes que morderte la lengua porque a mitad de cada conversación te acuerdas de mil y una anécdotas y no quieres parecer pretencioso o agobiar a los demás con batallitas de «tu otro país».

http://masedimburgo.com/2014/05/10/cosas-que-cambian-para-siempre-cuando-vives-en-otro-pais/#
4. Comprendes que la valentía está sobrevalorada.

Muchas personas te dirán que eres valiente, que también querrían marcharse, pero no se atreven. Y tú, aunque también tuviste miedo, sabes mejor que nunca que la valentía constituye, quizás, un 10% de las grandes decisiones. El 90% restante son las ganas. ¿Te apetece? Hazlo. Cuando damos el salto, ya no hay valientes ni cobardes: pase lo que pase, te enfrentas a ello.


«It’s a dangerous business, Frodo, going out your door. You step onto the road, and if you don’t keep your feet, there’s no knowing where you might be swept off to.»

«Es peligroso, Frodo, cruzar tu puerta. Pones el pie en el camino y, si no vigilas tus pasos, nunca sabes a dónde te pueden llevar».

5. Y, de repente, eres más libre.

Es probable que seas tan libre como antes, pero la sensación de libertad, ahora, es distinta. Si has escapado de la comodidad y has logrado que todo funcione a cientos de kilómetros de tu hogar, sientes que puedes hacer cualquier cosa.

http://masedimburgo.com/2014/05/10/cosas-que-cambian-para-siempre-cuando-vives-en-otro-pais/#
6. Dejas de hablar un idioma en concreto.

Unas veces se te escapa una palabra en otro idioma; otras solo se te ocurre una manera de describir algo… con aquella expresión perfecta que no está en el idioma adecuado. Cuando convives con una lengua extranjera, aprendes y desaprendes a la vez. Mientras interiorizas referentes culturales e insultos en tu segunda lengua, te sorprendes esforzándote en leer en tu lengua materna para que no se oxide. Como cuando Homer fue a una cata de vinos y se le olvidó cómo conducir.

7. Aprendes a despedirte… y a disfrutar.

Pronto te das cuenta de que, ahora, muchas cosas y personas son de paso, y el valor de la mayoría de situaciones se relativiza. Perfeccionas el equilibro entre crear lazos y saber desprenderte de objetos y recuerdos: una lucha perpetua entre nostalgia y pragmatismo.

8. Vives con dos de todo.

Con dos tarjetas SIM (una de ellas repleta de teléfonos de todos los rincones del mundo), con dos carnés de la biblioteca, con dos cuentas bancarias, con dos tipos de moneda que siempre, no sabes cómo, acaban mezclándose cuando vas a pagar algo.

9. ¿Normal? ¿Qué es normal?

Vivir en otro país, como viajar, te enseña que «normal» significa social o culturalmente aceptado. Así que, cuando te sumerges en otra cultura y en otra sociedad, tu concepto de normalidad se resquebraja. Aprendes que hay otras formas de hacer las cosas y, al cabo de un tiempo, tú también adoptas aquella costumbre antes impensable. También te conoces mejor a ti mismo, porque descubres cuáles son las cosas en las que de verdad crees y cuáles, en cambio, son aprendidas.

10. Te conviertes en un turista en tu propia ciudad.

Aquella atracción turística que tal vez no hubieras visitado en tu país se suma a la lista de lugares que ver en tu nuevo hogar, y pronto te conviertes en un experto en la ciudad. Pero, cuando alguien viene de visita unos días y te pide recomendación, te cuesta escoger unas pocas actividades: si fuera por ti, ¡les recomendarías visitarlo todo!
http://masedimburgo.com/2014/05/10/cosas-que-cambian-para-siempre-cuando-vives-en-otro-pais/#
11. Aprendes a ser paciente y a pedir ayuda.

En otro país, la tarea más sencilla puede convertirse en un reto. Tramitar papeles, encontrar la palabra adecuada, saber qué autobús tomar. Siempre hay momentos de desesperación, pero pronto te armas con más paciencia de la que nunca tuviste, y aceptas que pedir ayuda (en el autobús, en la calle, a tus conocidos) no solo es inevitable, sino muy sano. 

12. El tiempo se mide en pequeños momentos. 

Como si mirases desde la ventanilla de un coche en marcha, a lo lejos el tiempo parece transcurrir muy lento, mientras que de cerca los detalles pasan a velocidad de vértigo. Desde la distancia, te llegan noticias de cómo sigue la vida en casa: cumpleaños, personas que se van, fechas señaladas que te perderás… En cambio, en tu nuevo hogar, el día a día va muy deprisa. El concepto de tiempo se deforma tanto que aprendes a medirlo en pequeños momentos, ya sea en un Skype con los de siempre o en una cerveza con los nuevos. 

13. La nostalgia te invade en el momento más inesperado.
Un alimento, una canción, un olor. Cualquier pequeñez basta para que, de repente, te inunde la añoranza. Echas de menos detalles que nunca imaginaste (que levante la mano quien haya atesorado un bote de tomate frito como si fuese el Anillo único), y darías lo que fuera para poder transportarte, un instante, a aquel lugar. O para poder compartir la sensación con alguien que te entienda…

14. Pero sabes que no es dónde, sino cuándo y cómo.

Aunque, en el fondo, sabes que no echas de menos un sitio, sino una extraña y mágica conjugación del lugar, el momento y las personas adecuadas. Aquel año en el que viajaste, compartiste tu vida con personas especiales, fuiste tan feliz. En cada lugar donde has vivido queda un pedacito de quien fuiste, pero a veces no basta con regresar a una ciudad para dejar de echarla de menos.
http://masedimburgo.com/2014/05/10/cosas-que-cambian-para-siempre-cuando-vives-en-otro-pais/#
15. Cambias.

Leerás a menudo que hay viajes que cambian la vida. Y, a pesar de los clichés, vivir en otro país es un viaje que te cambiará profundamente. Sacudirá tus raíces, tus certezas y tus miedos. Vivir en Edimburgo nos cambió para siempre, en muchos sentidos, y si no fuera por aquel tiempo, hoy no estaríamos a punto de dar el siguiente paso en nuestras vidas. Quizás no lo creas antes, o no te des cuenta durante. Pero algún día, lo verás con una claridad pasmosa. Has evolucionado, tienes cicatrices, has vivido. Has cambiado.

16. El hogar cabe en una maleta.

Desde el momento en el que tu vida cabe en una maleta (o, si tienes suerte con tu aerolínea, en dos), lo que entendías por hogar deja de existir. Casi todo lo que puedes tocar con las manos es reemplazable; viajes adonde viajes, acumularás nueva ropa, nuevos libros, nuevas tazas. Pero llegará el día en el que, en tu nueva ciudad, te invada la sensación de estar en casa. El hogar es quien te acompaña, quien dejas atrás, son las calles donde transcurre tu vida. El hogar también son los objetos al azar que pueblan tu nuevo piso, aquellos de los que te desprenderás sin remordimientos cuando llegue el momento de marcharte. El hogar son los recuerdos, las conversaciones en la distancia con familia y amigos, un puñado de fotografías. Home is where the heart is.
http://masedimburgo.com/2014/05/10/cosas-que-cambian-para-siempre-cuando-vives-en-otro-pais/#
17. Y… no hay vuelta atrás.

Ahora ya sabes lo que significa renunciar a la comodidad, comenzar desde el principio y maravillarte todos los días. Y el mundo es tan grande… ¿que cómo renunciar a seguir descubriéndolo?"

Os dejo aquí el enlace al artículo original por si os apetece daros un paseo virtual por el blog del cual he obtenido el texto: http://masedimburgo.com/2014/05/10/cosas-que-cambian-para-siempre-cuando-vives-en-otro-pais/#

Agradezco a enormemente a Jaime su recomendación, él también ha sido viajero aventurero pocos años atrás, así que se que igualmente siente en sus entrañas cada una de las palabras del texto. 

Os deseo un día maravilloso, yo confío en que este segundo día de regreso a Tierra de Acogida sea tan positivo como lo fue el de ayer. Ya sabéis amigos y amigas... ¡adelante, siempre adelante!.

¡Feliz martes!

(Se que sale una dirección web entre el texto, entre el punto 12 y el punto 13, mi ignorancia en informática me impide deshacerme de ella, he probado de todo y no hay manera, se quiere quedar en 12:45pm, así que he optado por dejarla, disculpadme).
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lunes, 4 de agosto de 2014

DÍA 707: Miles de despedidas para un solo corazón y una cabeza

http://elsergalactico.bligoo.com.mx/que-el-corazon-tiene-cerebro-no-es-una-metafora


Ese sentimiento punzante, como la daga del afilado puñal de un adiós, ese sentimiento hiriente.

Ese sentimiento que congela todo lo que alrededor sucede, sin que nada más importe, enloquecedor y doliente.

Ese sentimiento de autobuses, aeropuertos, océanos y kilómetros, ese sentimiento de lejanía e incertidumbre.

Ese sentimiento de nudo en el estómago y lagrimal dolorido, ese sentimiento partido.

Ese sentimiento, justo ese y no otro, instalado en mi interior hace solo unas horas ante la inminente presencia de la despedida... una vez más.

Hoy escribo de nuevo desde mi pequeño sofá tapizado de color negro... como mi alma.

El ventilador refresca mi piel y seca mis heridas, me susurra suavemente y con delicadeza que ya todo pasó, que ahora debo seguir escribiendo mi historia. Comprometida y valiente.

Amanecí desorientada pero tranquila. Amanecí en el caribe, amanecí decidida.

Mi personal lucha entre la nostalgia y el pragmatismo*, la eterna lucha contra uno mismo, apasionada y recompuesta, implosionando recuerdos y con la esperanza dispuesta a seguir hacia delante, ¡siempre adelante!... con corazón y cabeza.

 * Concepto extraído de un maravilloso artículo que mañana publicaré ("17 cosas que cambian para siempre cuando vives en otro país") y que he descubierto gracias a un residente de 12:45pm, nuestro ya conocido Jaime, al que agradezco enormemente siempre su apoyo y cariño (dentro y fuera de la pantalla) 

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