Como si fuera un evento más que añadir al calendario por su relevancia en mi vida, ayer saltaba espontáneo en mi memoria digital (léase en el calendario anual de mi teléfono móvil) el recordatorio de que tal día como ayer, 7 de abril, pero hace tres años atrás, pisaba por primera vez Tierra de Acogida.
Inevitablemente y siempre buscando pequeños espacios temporales dentro de un día cargado de trabajo (como el del resto de la semana tal y como viene siendo habitual hace ya bastante tiempo) mi cabeza rápido hizo un breve análisis de lo que aquella llegada supuso en mi vida.
Difícil resumir en poco espacio. Difícil ponerle palabras. Difícil incluso ponerle sentimientos reconocidos.
Estos tres años han sido sin duda los más intensos de toda mi vida hasta el momento (y creedme que siempre he procurado vivir la vida con absoluta pasión e intensidad, no entiendo otra manera de pasar por la existencia) pero sin vacilación alguna estos últimos años están suponiendo un antes y un después en lo que toda mi vida (interior y exterior) es.
A mi me gusta llamarlo "aventura" porque en realidad es lo que es esta vivencia e integra todo lo que debe llevar una aventura en su descripción más amplia (al menos la que realiza la Real Academia de la Lengua Española):
3.f. Empresa de resultado incierto o que presenta riesgos. "Embarcarse en aventuras".
4.f. Relación amorosa ocasional.
Esta experiencia es algo inexplicable, es algo que debe vivirse en primera persona (y que a pesar de los pesares repetiría nuevamente y recomiendo experimentar a todos aquellos que deseen enfrentarse a sí mismos y al mundo).
Toda esta reflexión me recuerda a una situación vivida hace pocos días junto a M.A. Queríamos buscar un poco de descanso mental tras una semana especialmente dura y decidimos dar un paseo por uno de los lugares de la ciudad que más vida cobra al acercarse el fin de semana. Nos sentamos tranquilamente en uno de los bancos de la placita y disfrutábamos del ambiente charlando animados sobre lo humano y lo divino cuando se acerca una pareja y nos pregunta si podemos compartir banco. Ella estaba notablemente embarazada y a la legua se notaba que eran una pareja maravillosa. Por supuesto les dijimos que sí y durante varios minutos repartimos espacio de descanso.
Cuando decidieron marcharse iniciamos casualmente una breve pero interesante conversación que ahora, en esta madrugada posterior a mi tímida celebración trianual de llegada a esta islita del caribe, regresa a mi recuerdo. Resumiendo, tras descubrir que no éramos turistas puntuales y presentar con gran brevedad la aventura que estábamos viviendo por estos lares deciden descubrirnos que ellos también se encuentran en un proceso de toma de decisiones sobre si se lanzan a cambiar su actual Tierra de Origen (esta bonita isla) por una nueva Tierra de Acogida (al otro lado del océano).
Valientes nos preguntan qué haríamos nosotros y yo con total seguridad le digo si realmente quieren escuchar nuestra respuesta. Perplejos nos dicen que por supuesto y entonces es cuando uno, ya experimentado en estos procesos previos de incertidumbre y desasosiego, les responde lanzando una nueva pregunta... "¿vosotros os sentís fuertes entre vosotros y de manera individual para afrontar un cambio así, una aventura de ese tipo?"... "Sí"... respondieron con cierta confusión... "pues entonces ahí tenéis la respuesta que buscabais".
Se sinceraron y nos dijeron que no era la respuesta que estaban acostumbrados a recibir en su entorno, que tenían muchas opiniones alrededor que les aconsejaban tomar múltiples caminos diferentes pero que hasta el momento nadie les había respondido con un planteamiento así, y es que amigos de 12:45pm el mundo está lleno de opiniones, recomendaciones, consejos y advertencias... pero pocas, realmente pocas, están hechas desde el sentido común y la objetividad.
Traigo, para acabar esta breve conmemoración, una frase que desde casi mi llegada a Tierra de Acogida me acompaña día tras día y surge en los momentos más inesperados para recordarme, especialmente en las situaciones difíciles, lo que al final significa esta decisión en mi vida... me gusta recordar siempre que me es posible esas palabras abrumadoras que me recuerdan que "no dije que fuera a ser fácil, dije que merecería la pena".
En fin, recuerdos, ensayos y errores, aciertos, sentimientos, aprendizajes, pensamientos, introspección... todo un cúmulo de cosas inexplicables que, con absoluta certeza, algún día llegaré a comprender con resplandeciente claridad, por el momento, amigos y compañeros de esta hazaña inexplicable, celebremos los tres años de llegada a Tierra de Acogida, pues realmente tenemos muchos motivos para celebrar que, haciendo la suma y resta de las emociones vivenciadas, finalmente seguimos sobreviviendo y siendo, cada día, bastante más fuertes que el anterior.
Estos últimos días han sido están siendo realmente difíciles. Mucho más de lo que la propia cabeza pudiera digerir.
La vida tiene tanto de maravillosa como de desgarradora y en este caso, desde hace un tiempo pero con especial intensidad en esta semana, ha salido en el lanzamiento de los dados del destino la cara del desgarro.
Perder a un ser querido no es algo fácil de digerir... menos aún cuando ese ser querido es una abuela y la nieta en cuestión se encuentra al otro lado del mundo. Se juntan entonces en la cabeza y el estómago un cúmulo de emociones y sentimientos que le dejan a uno desbaratado, completamente fuera de lugar, desubicado y con la cabeza más allá que acá. Sucede algo en el interior que le cambia a uno para siempre.
Cuando se acepta y asume vivir una aventura como la que estoy escribiendo en Tierra de Acogida se sabe de antemano que se experimentarán cosas tan extraordinarias como profundamente dolorosas. Se sabe desde el principio, nadie con cierta responsabilidad propia y ajena puede decir lo contrario. Sin embargo, aunque se tenga presente y se vea cada día sobrevolar nuestra cabeza el momento de desolación inesperado, como si estuviera planeando el ataque para un momento súbito e inapropiado (nunca es apropiado, eso desde luego), cierto es que en el momento en el que realmente llega te deja bloqueado... incluso aún viéndolo venir. Cuando realmente llega es como una bofetada repentina, como un muro que surge espontáneo en medio del camino, como recibir un golpe irreparable en la boca del sentimiento.
Os agradezco la paciencia de estos días, 12:45pm se caracteriza por la motivación, la reflexión y, en la medida de lo posible, la positividad. Sin embargo esta ventana no es un espejismo, no es una ilusión óptica que simule que la vida siempre es bella. Amigos y amigas, creer algo así a estas alturas sabemos que sería la mayor locura que pudiéramos cometer, la vida es un regalo, algo mágico y extraordinario, una caja llena de mil sorpresas insospechadas en una secuencia que nos va desvelando, de manera combinada, absoluta desesperación y dolor con felicidad plena y exaltación.
Así es y así hay que asumirlo.
12:45pm es sobre todo vida, con sus pros y sus contras menos pros. 12:45pm eres tú y soy yo. 12:45pm es sueño y realidad. 12:45pm es pensamiento y emoción, un escape y una introspección. Es mi consuelo y tu compañía. Es un lazo que acerca orillas, es un segundo sin tiempo, nuestro secreto diario, sentimiento hecho palabra, un espacio de reflexión.
12:45pm me recuerda, en estos momento de turbulencia y desaliento, que en la siguiente esquina de mi camino transitado algo bello seguro espera, pues nuestra existencia es así, tan placentera como irritante, lo importante, sin lugar a dudas, es tener siempre en la mente y el corazón errante, las dos palabras fundamentales que la conciencia nos susurra siempre a pesar de los pesares.... SEGUIR ADELANTE.