Continuando con el encadenamiento de días sinceros hoy os diré que amanecí agotada. Agotada in extremis, que diría un pedante redomado.
Ayer fue un día terrible de trabajo, parece que ser que la resolución de problemas, situaciones inesperadas, quejas, reclamos, tareas pendientes y demás abanico de eventos laborales vampíricos (sustituyendo el alimentarse de la sangre de su víctima a hacerlo de su descanso... por cierto, ya mínimo de por sí) hicieron conjuro y conjunción en el día de ayer para mostrarse al unísono en mi lunes de nervios eufóricos por el regreso.
Como imaginaréis, el disfrute ayer lunes de esa agradable sensación por tomar conciencia de la vuelta a Tierra de Origen duró poco. Menos de lo que me hubiera gustado.
Hoy estoy agotada. Ayer fue un día largo y hoy no lo será menos.
Cierto es que este ritmo llevo meses manteniéndolo y cierto es también que sabía de sobra con premura que esta semana iba a ser intensa y extenuante (por no cambiar el compás del caminar laboral que lleva este 2013), sin embargo mi esencia positiva y esperanzadora confiaba en que esta semana me dejarían respirar un poquito... aunque solo fuera un poquito.
Nada más lejos de la realidad. El que ha nacido para apagar fuegos... siempre está en modo emergencia.
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| http://themojocompany.com/2013/02/13-reminders-for-discouraged-leaders/ |
Sin embargo, deberé decir a mi favor y a favor de esta mañana exhausta, que vivo junto a una persona maravillosa (sí M.A. ese eres tú), porque a pesar de que sé de buena tinta que él también está extenuado, hoy al amanecer encontré hecha una tarea pendiente que había dejado para acometer tan pronto cumpliera con esta publicación sincera. Encontré hecho ese trabajo planificado en mi personal agenda para realizarlo de madrugada... él, silencioso como siempre ha sido, la completó anoche mientras yo caía rendida en manos de Morfeo... no tengo palabras para agradecer la manera en la que mi aventurero personal me cuida desde que lo conocí. Fue hace ya siete años y aunque la vida nos va poniendo cada vez pruebas de mayor complejidad, siento y me demuestra que él, lejos de flaquear, cada vez se llena de más energía en nuestros retos, cada vez más cercano lo siento. Soy infinitamente afortunada.
Ahora el gato duerme plácido e ignorante en una silla junto a la mesa y mi compañero de viaje descansa tranquilo en la cama. Yo escribo de madrugada sentada en mi sofá negro, como cada día... porque... ¿sabes?... aunque me queje de cansancio no puedo negar que en el fondo madrugar para que podamos compartir un ratito a través de esta pantalla y ayudar a resolver problemas en las tareas diarias de mi puesto me hace feliz, así es, forma parte de mi esencia.
Además, tiempo para descansar cuerpo y alma ya tendré dentro de poco... las buenas lenguas dicen que será dentro de cinco días... y descontando va el calendario... sin prisa... pero también sin pausa...
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