Reconfortante sensación es escuchar, al amanecer tranquilo de un sábado, la
sirena de un gran barco avisando a sus tripulantes que llegó el momento de
soltar amarras, dejando la isla a las seis de la madrugada.
Ahora siguen cantando los gallos.
Se oye una alarma en la casa de al lado.
Aviones que cruzan el cielo.
El sonido del expresso a lo lejos.
La ciudad despierta. Y yo quisiera seguir
dormida... meciéndome desganada en el eco de la sirena del gran barco que
abandona, indiferente, las costas de un Puerto Rico cubierto por nubes grises
que amenazan tormenta.
Tendrán ustedes que disculparme por unos pocos días, ayer inauguramos las visitas a Tierra de Acogida con el aterrizaje de una buena amiga a quien hacía muchos (demasiados) años que no veía y ahora todos los esfuerzos los centraremos en enseñarles las bondades de este lado del mundo de una manera exprés.
Cruzamos nuestros caminos en la capital de Tierra de Origen (sin ser ninguna de las dos nacidas allí, pero caprichosamente el destino laboral allí fue donde quiso cruzarnos). Algunos años después de unir nuestras trayectorias en una empresa de negocio fría y calculadora (al menos en comparación con que me dedico hoy en día) ella decidió romper moldes y abandonar la ciudad y el país para comenzar un periplo singular por tierras del norte del continente. Finalmente acabó viviendo y trabajando en la magna ciudad del Big Ben.
A mi la vida ya sabemos por dónde me ha ido llevando, pues vosotros y vosotras, lectores curiosos de esta ventana, bien sabéis que os saludo cada mañana (o casi) desde esta islita del Caribe que tanto me está enseñando.
En fin, tras esta breve introducción viajera, me despido por unos pocos días para ejercer de anfitriona en ciernes, espero hacerlo a la altura que esta viajera empedernida merece.
¡Nos vemos muy pronto amigos y amigas! ¡Disfrutad mucho del fin de semana!
¡Buenos días queridísimos y queridísimas residentes y visitantes!
Ya hemos regresado de pasar unos días fuera de lo que viene siendo nuestro habitual lugar de operaciones (laborales y ociosas) en Tierra de Acogida. En resumen, que nos hemos escapado casi cinco días de la capital de esta islita del Caribe (que es donde vivimos normalmente) para descubrir zonas de esta tan hermosa como desgarradora tierra al otro lado del océano.
Como suele suceder siempre con las vacaciones nos hemos quedado con ganas de más. Siempre la desconexión (la que es deseada, por supuesto) sabe a poco. Pero mejor las esencias que vengan en pequeños botes (el que no se consuela...).
Tenemos cientos de anécdotas que, como sucede desde que comenzamos esta aventura, las llevaremos para siempre con nosotros. Pero sobre todo, lo que siempre mantendremos en nuestro recuerdo eterno son las imágenes extraordinarias (en el más amplio sentido de la palabra) que permanecerán con nosotros en la retina.
Hoy, como homenaje a vuestra paciencia y espera, quiero haceros un poco cómplices de nuestra pequeña escapada, por eso la publicación de hoy será básicamente en imágenes (hacía tiempo que no veía la luz una salida de este tipo... así que ya va tocando de nuevo).
Espero transmitiros un poco la esencia maravillosa, extraordinaria y sorprendente de Tierra de Acogida.
Os deseo a todos y todas un día fantástico y único (hoy por Tierra de Acogida llueve a raudales, pero confiamos que en algún momento el sol logre abrirse paso entre las nubes...).