sábado, 11 de agosto de 2012

DÍA 19: Sentido comun

Me despierto.
Como cada mañana, me hago paso entre las cortinas y abro la ventana.
Me asomo estrenando el día. 
Siento el frescor de la brisa. 
El olor del Sol clareando enrojecido. 
Bostezo. 
Me desperezo.Tres veces.
Sonrio.
Amanece un nuevo día.

Tenía muchos planes programados para esa mañana y un evento importante al caer la tarde. Así que no perdí ni un minuto y, con la radio en mi canal musical favorito y su volumen en el tono justo para mantener el ritmo de preparación, me dispuse a iniciar el protocolo de acondicionamiento personal. Como si fuera una carrera de fondo, sin prisa pero sin pausa. Una vez alcanzada la meta del aseo particular...

Cierro tras de mi la puerta.
Me acomodo el bolso en el hombro derecho.
Bajo los escalones y salgo al frescor de la calle.
Día luminoso.
Brisa veraniega...
... y emoción en las entrañas.

En la calle y al poco de haber iniciado mi camino, me giro, con la única intención de comprobar que todo está correcto en la fachada... como si pudiera, con mi visión, traspasar paredes y extender mi perforación al interior de la vivienda.... Conducta que he visto repetir una y otra vez tambien en mis vecinos. Algo común.

Sin embargo, al darme la vuelta y ver, desde aquella perspectiva, las ventanas de mi casa me fijo que todo parece absolutamente diferente a cómo lo ví cuando amanecí horas atrás y me asomé por ellas al nuevo día.

No hay duda, dependiendo del ángulo desde el que uno ve las cosas, se descubrirán unos mundos u otros...



Hay muchas maneras de ver la vida, hay diferentes realidades dentro de un mismo mundo... es entonces cuando me percato de que ver las cosas con sentido común debería ser el menos común de los sentidos... así todo sería mucho más divertido.

Y prosigo mi camino, silbando la última melodía que escuché en la radio y emocionada por el día que me espera...



DÍA 18: Agua que no has de beber

Hace años, en pleno invierno, ella se presentó en casa a primera hora de la mañana. 

Aquel día, Sábado en pleno corazón del mes de Febrero, nevaba y hacía muchísimo frío, lo que había provocado que las tuberías de su casa se congelaran y su rutina matutina (si es que acaso ella tenía alguna) no pudiera llevarla a cabo.


Llamó cinco veces ininterrumpidas... abrí la puerta... entró fugazmente en casa y comenzó a deshacerse de la ropa haciendo breves descansos para frotarse enérgicamente las manos.

Iba desprendiéndose de cada prenda con absoluta coordinación... se asemejaba a una entrenada athleta olímpica de gimnasia deportiva... de esas que, entre pirueta y pirueta, gesticulan sus brazos al aire como si bailaran alguna danza de origen árabe (obviamente preferí reservarme compartir en voz alta la similitud, no quería abstraerla de su tarea).

Cuando mi salón dejó de estar pulcramente ordenado y pasó a parecerse a unos grandes almacenes en plenas rebajas de invierno ella dijo:

"Creo que el agua de mis tuberías quedó congelada porque sabía cuál sería su futuro al llegar al final de su viaje... Es lo que muchas veces termina sucediendo, quedarse por el camino antes de conocer cuál será el final real de la historia"

No pude rebatirle. Yo misma había dejado de avanzar por muchos caminos en mi vida pensando que no me llevarían a ningún sitio...

"Y además, lo peor de todo es que, cuando llegue el deshielo, el agua, ahora estancada, comenzá a deshacerse lentamente y no solo no llegará a mi casa ni a la de ninguno de mis vecinos, sino que caerá por las tuberías obligándose a retroceder todo el trayecto que, con presión y energía, había logrado subir. 
No se lo merece ni ella, ni nosotros.
No te digo más."

Sutilmente me dí la vuelta y entré a la cocina, creo que una buena infusión le ayudará a templar el mal genio que trae, y, de paso, calmar ese ingenio imparable que me descoloca en tantas ocasiones. 

Además hoy es Sábado, mi día de descanso... cuando termine de murmurar es probable que se lo diga... aunque no confío que apoye mi decisión de asueto en absoluto... veremos en qué acaba todo esto...


viernes, 10 de agosto de 2012

DÍA 17: ¡Buen provecho!

Decidimos, de manera improvisada, transformarnos en cocineras elitistas aquella tarde de caluroso Verano.

Desde luego, siguiendo su habitual modus operandi, primero tuvimos que hacernos con el uniforme completo, lo que nos llevó a atrasar nuestra entrada a los fogones, ya que la tienda temática más cercana estaba a no menos de tres paradas de metro...

Una vez vestidas con nuestro inmaculado delantal y nuestro salubre gorro de cocineras, procedí, de inmediato, al acondicionamiento de la cocina haciendo suficiente espacio en mesas y encimeras para la cacharrería.

Finalizada la organización previa, inicié mi busca y captura de libros sobre platos exóticos que guardaba, empolvados, en mi vasta biblioteca.

Me encontraba subida a la escalera intentando alcanzar con mi dedo índice el lomo rojizo de aquel ejemplar de platos tailandeses, ubicado en la cuarta estantería, cuando ella gritó desde el otro lado del salón:

"¡No te pongas ahora a perder el tiempo buscando libros!... baja de ahí que no tenemos toda la tarde..."

Me giré con sumo cuidado (pues me encontraba manteniendo el equilibrio sobre aquella debilitada escalera de madera) e iba a proceder a replicarle que sin una guía culinaria adecuada nuestro sueño de cocina elitista se convertiría en humo, cuando me encontré aquella escena... ciertamente, aún no sé cómo puedo sorprenderme con ella... aún no entiendo cómo no la veo venir con estas imprevisiones...

 
 
Su delicada perspicacia y, especialmente, mi cara descompuesta le ayudaron a reaccionar y darme  rápida una respuesta... antes de que cayera desplomada desde lo alto de la escalera... lo cual agradecí enormemente....

"No preguntes demasiado, solo te diré que nuestro menú del día...
¡será una sorpresa para el vecindario!. 
Cuando acabemos les invitaremos a probar nuestro mágico brebaje, en el que habremos quemado todos sus sueños frustrados, las desesperanzas y las pesadas cargas que arrastran de su pasado. 
¡Mañana tendrán una nueva oportunidad en su vida!... con energías recargadas, como Obelix y su extraordinaria pócima, podrán afrontar con fuerza las desavenencias que ahora les están ganando terreno" 

Supongo que me entederéis si os digo que, guardando silencio y con gran resignación, inicié mi descenso tranquilo por aquellos siete escalones de madera a los que me encontraba subida.

Evidentemente sus planes fueron ejecutados con perfección milimétrica, pero negociamos un fin de fiesta culinario donde, junto a todo el vecindario, eufórico y festivo, elaboramos un cofre del tesoro en el que escondimos todos los sueños que están por venir...

... finalmente, confesaré, que su tarde de gastronomía del alma no salió tan mal como preveía al inicio de la historia, cuando todavia me encontraba subida a lo alto de aquella debilitada escalera...




______________________________________

¡BUEN PROVECHO!



jueves, 9 de agosto de 2012

DÍA 16: Criaturas suburbanas


Viajar con ella en Metro era toda una aventura... como podréis imaginar.

Todo iba bien hasta subir al vagón.

En la entrada, ella, concentrada, sacaba ciudadanamente su ticket, cruzaba los tornos delicadamente, se montaba en las escaleras mecánicas y, educadamente, se ubicaba a su derecha (dejando así pasar a los viandantes que quisieran acelerar su llegada al andén caminando las escaleras por la izquierda...), recorría extrañamente silenciosa los pasillos suburbanos y esperaba, despreocupadamente, en el andén de la línea de Metro correcto (presentaba incluso despreocupación cuando los altavoces ubicados, estratégicamente, en los túneles informaban de algún indeseado retraso en la llegada del tren... comportamiento, me reconoceréis, un tanto extraño...).

Todo iba bien... hasta subir al vagón.

Cuando el tren del Metro se acercaba por el oscuro tunel, acompañado de un ensordecedor ruido (si cerrabas los ojos a tiempo, podías incluso asegurar que lo que iba a tocar suelo frente a tí era un Airbus A380 y no un vagón de Metro...) ella avanzaba dos pasos, manteniendose erguida y estática tras la línea amarilla de seguridad.

Todo iba bien... pero cuando ella subía al vagón... una vez las puertas se cerraban y el Metro iniciaba su recorrido hacia la siguiente estación... ella se recostaba en el suelo, sacaba, de una bolsita azul, una fina manta y una mullida almohadita (que ya traía hinchada, por eso de ahorrar tiempo) y pedía a los viajeros que, uno a uno y, a poder ser, por orden, le leyera el primer párrafo de su libro, audio-libro, e-book o i-phone...

"Se les pagará con un bonito sueño compartido durante la duración de este trayecto. Muchas gracias."


Si ya sé... que si los sueños compartidos son más fuertes... que si tantas almas sentadas tan cerca sueñan entre hojas cosas diferentes... que si soñáramos juntos la vida sería más coherente ... pero yo, si os soy sincera, deseaba bajarme en la siguiente estación y olvidar esa escena... 

... aunque, como suele ser habitual, todo aquello terminaba confúsamente con los viajeros en pie y regalando un fuerte aplauso haciendo honor al final del acto... llegando a la última estación.... con ella, en posición reverencial, agradeciendo la asistencia y participación...


miércoles, 8 de agosto de 2012

DÍA 15: El vaso medio lleno

Me obligó a sentarme en una silla ubicada junto a la mesita de la entrada.
Seria y educada me señaló:

"Aqui estará más apartada y no podrá copiar a nadie"

Preferí no preguntar.
Me indicó que me pusiera recta en la silla, en 90º, la espalda contra el respaldo:

"Así evitará terribles dolores de espalda... la prueba será larga"

Preferí no preguntar.
Me entregó un lapicero, una goma y un folio en blanco:

"En esta hoja puede escribir todo lo que quiera, es un borrador, para sus meditaciones personales a sucio"

Preferí no preguntar.
Colocó una imagen en mi mesa, boca abajo...

"Cuando cuente tres, dele la vuelta y podrá iniciar la prueba. El test finalizará a las 12:45pm, puntualmente. Momento en el que recogeré la hoja y no habrá marcha atrás"

Preferí no preguntar... pero vislumbré en ella una leve sonrisa de picardía que, os digo, me aterrorizó...

"Uno... Dos... y Tres..."

Giré la imagen que había dejado en mi mesa y...


Suspiré... y, todavía desubicada por aquella mañana tan extraña, seleccioné: claramente la opción A.

Le entregué la prueba completada e inicié mi trayecto de regreso al sofa cuando...

"¡No ha superado usted la prueba ! Creo que debe aplicarse un poco más en los próximos meses. La opción correcta es la C, pero en su caso, como en el de mucha gente, esa opción pasa totalmente desapercibida..."

Y mientras me entregaba la hoja corregida, me guiñó un ojo y sonrió alegremente...

 
"¿Nos vamos a merendar? Tanto esfuerzo me ha dejado agotada..."

Definitivamente... uno de estos días me volverá loca, sin otras opciones donde elegir, y en este caso... si que no habrá marcha atrás.

______________________

DISFRÚTESE COMO LO QUE ES... UN PUNTO DE VISTA DIFERENTE PERO NO UNICO



martes, 7 de agosto de 2012

DÍA 14: Sin tigres en el monte, el mono es el rey

Acudí lo antes posible, aún así me pareció una eternidad.

Acababa de acomodarme en el sofá, bajado el volumen de la televisión en la que, por cierto, emitían mi programa favorito de sobremesa... El Hombre y la Tierra... y entornado mis ojos, cuando sonó, estridente, el teléfono.

De camino a su casa retumbaban robóticas las palabras de su vecino al otro lado del auricular... "Si pudieras venir a ayudarnos... por favor... es urgente... estaríamos enormemente agradecidos... no sabemos qué hacer... no nos abre la puerta ni responde a nuestras llamadas... se ha encarcelado... ¡por propia voluntad!... no entendemos nada.... si pudieras venir a socorrerla...".

No dejé terminar su llamada de auxilio, supongo que aún estará el auricular pendulante en la mesita...

Acudí lo antes posible, pero a mí el trayecto me pareció como vivir tres vidas.

Cuando llegué mi corazón latía de miedo, deseando que ella se encontrara bien, aún no sabía exactamente qué ocurría... aunque rápidamente mis dudas se dispersaron tornándose en pena, dolor y desesperación...

Allí estaba, encerrada en su propia casa. Sola. Desecha. Creando una diminuta bola de piel y huesos enrollada encima de su cama, a oscuras... llorando desconsolada.

En cuanto sintió mi presencia musitó...

"El dolor de esta realidad me aprisiona. Me está matando en vida tanta maldad. Ya no sé si lo que veo, lo que siento... es propio o ajeno..."

Y con su débil y tembloroso dedo índice presionó el botón de encendido al mando que aún sostenía en su mano derecha... en la pantalla del televisor pude ver, atónita, las siguientes imágenes...


Desconsolada, simplemente la abracé, haciendo mio tambien su dolor. No tenía respuestas... únicamente la esperanza de no volver a tener que salvarla con urgencia... y no saber cómo hacerlo...

lunes, 6 de agosto de 2012

DÍA 13: El color del cristal con el que uno mire

Traía puestas todavía las botas de montaña, repletas de barro... una pequeña mochila a la espalda y una grandisima sonrisa en su rostro. Venía corriendo hacia mí, mirandome fijamente y trotando al galope...

Todavía le faltaba el aire, imagino que por el esfuerzo de la carrera, aun así, y entre pequeños espacios de hipo, ella no podía parar de repetir emocionada...

"... ¡increible!, ¡ha sido una excursión increible!... espera... te cuento... dame dos minutos... que respire... ¡increible!... no imaginas... dos minutos... que respire... ¡asombroso!..."

Le di el tiempo suficiente para que se calmara, al fin y al cabo no tenía mucho más que hacer y si la instigaba sabía que el resultado sería muchisimo peor.

La convencí para que nos sentáramos en un banco que quedaba unos diez pasos a nuestra izquierda. Aceptó.



Acomodadas en nuestro particular oasis, comenzó a explicarme que, despues de muchísimos años, había vuelto a ver a sus antiguos compañeros de clase. Al parecer, y gracias a las nuevas tecnologías, se había creado un grupo en una famosa red social a partir de la cual, los antiguos compañeros de colegio se había vuelto a reunir virtualmente y habían conseguido organizar una excursión a una montaña cercana. Un día de campo y reencuentros.

Mientras me relataba emocionada las aventuras del día, las confesiones, recuerdos y emociones, ella rebuscaba algo en su pequeña mochila. Cuando al fín dió con ello, lo sacó ansiosa y me dijo:

"¡Mira! ¡Incluso antes de salir hacia el monte nos sacamos una foto de grupo! ¡Estábamos todos! ¡No faltó nadie!"

Dejó la fotografía en mi regazo mientras, sin parpadear, fijamente, me miraba a los ojos sonriendo nerviosa...
.

Observé perpleja la fotografía... yo tampoco podía parpadear... incrédula...

"Lo más sorprendente es que están todos igual que como los recuerdo, ¡no ha pasado el tiempo por ellos!... mira aquí está Ixone, aqui Alicia, aqui José, Roberto, Gonzalo, Susana... ¡y Mónica!... está Eva, Fernando y Valentín... ¡mira aquí está Raquel y aquí Aitor!... los gemelos y Ainhoa... Estibaliz, Isabel.... ¡todos! ¡están todos igual!.... y no te lo vas a creer, ha venido hasta nuestra profesora, es esta de aquí... Mari Jose..."

Nos quedamos en silencio varios minutos, ella ensimismada en sus recuerdos, volando dentro de su fotografía y yo... yo... intentando comprender aquella escena...

Creo que la solución del misterio es mucho más sencilla de lo que parece... para ella aquella clase quedó congelada así en la retina de su recuerdo, ella jamás vería crecer a sus compañeros, siempre los vería como niños, porque en el fondo... aún lo siguen siendo...

Bonitos recuerdos.