Rascaba la arena el gato
buscando un tesoro escondido.
Araña y araña la tierra,
con talante poseído.
Fija la mirada en su cometido,
nada le hace abandonar.
Terco siempre es el felino,
insistente en su encomienda,
mientras el dueño turbado,
enloquece con la arenosa estridencia.
Blancas tiene ya las patas,
las uñas pulidas de tanta fricción.
Pero el gato no se inmuta
y sigue obstinado en su entretenida misión.
Tras horas de búsqueda,
con final infructuoso,
parece que desiste
agotado y hundido.
Se tumba, todo largo,
junto al botín ilusorio
y comienza a lamer su pelaje
con espíritu escrupuloso.
Manías y costumbres
de un animal extraordinario,
que nos enseña a vivir la vida
con locura, espionaje y pulcro aseo diario.
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