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jueves, 8 de agosto de 2013
lunes, 25 de febrero de 2013
DÍA 216: "Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia"
Últimamente hay algo en mi interior que no deja de hacerme preguntas, es inquisitivo, insistente y con bastante poca paciencia. Yo todavía no tengo las respuestas acertadas y no puedo, aleatoriamente, darle una reflexión a la altura de sus dudas, las cuales son enormemente fundamentadas y lógicas.
El caso es que podría decir que en el último medio año, y en especial en los últimos tres meses, algunos cambios en mi vida laboral me han permido estar todo lo cerca y directa que se puede estar en la gestión de un equipo maravilloso de personas que decidieron un día dar su vida a personas que lo necesitaban de una manera incondicional. Trabajar en una organización sin fines de lucro en el área de dirección con el objetivo de lograr hacer renacer esta obra de arte (y todo lo que ello conlleva) aporta infinitas satisfacciones... tantas como dudas surgen por el camino...
... y hoy comparto una de ellas, a ver si entre todos encontramos el motivo de esta conducta y puedo atacar la raíz haciendo desaparecer el misterio para siempre.
Me he podido dar cuenta que, cuando en una semana logramos alcanzar alguno de los objetivos marcados en nuestra hoja de ruta, técnicamente conocido como Plan Estratégico, y vivimos un día de alegría e intensidad emocional por el logro conseguido... al día siguiente o, más probablemente, a la semana siguiente, un extraño halo de negatividad, críticas sumergidas hacia otros compañeros y ambiente deteriorado resurge de no se sabe bien dónde empapando todas las esquinas de la institución y haciendo que la satisfacción se empañe y retrocedamos tres de los cinco pasos avanzados en los días anteriores.
Ya ha sucedido unas cuatro veces en los últimos tres meses... y agota. Agota mucho.
Es como si las cosas buenas no se valoraran, como si no quisieran aferrarse a ellas y sentir la alegría que aporta confirmar que el esfuerzo da respuestas y que, lo bonito, es disfrutar con agradecimiento y entusiasmo los éxitos obtenidos con compromiso, trabajo y motivación.
Esta conducta me tiene tan sorprendida como preocupada... pero sobre todo me tiene desorientada, pues no se bien dónde puede hallarse, con exactitud y acierto, la respuesta a tan insólita epidemia de negatividad.
... y hoy comparto una de ellas, a ver si entre todos encontramos el motivo de esta conducta y puedo atacar la raíz haciendo desaparecer el misterio para siempre.
Me he podido dar cuenta que, cuando en una semana logramos alcanzar alguno de los objetivos marcados en nuestra hoja de ruta, técnicamente conocido como Plan Estratégico, y vivimos un día de alegría e intensidad emocional por el logro conseguido... al día siguiente o, más probablemente, a la semana siguiente, un extraño halo de negatividad, críticas sumergidas hacia otros compañeros y ambiente deteriorado resurge de no se sabe bien dónde empapando todas las esquinas de la institución y haciendo que la satisfacción se empañe y retrocedamos tres de los cinco pasos avanzados en los días anteriores.
Ya ha sucedido unas cuatro veces en los últimos tres meses... y agota. Agota mucho.
Es como si las cosas buenas no se valoraran, como si no quisieran aferrarse a ellas y sentir la alegría que aporta confirmar que el esfuerzo da respuestas y que, lo bonito, es disfrutar con agradecimiento y entusiasmo los éxitos obtenidos con compromiso, trabajo y motivación.
Esta conducta me tiene tan sorprendida como preocupada... pero sobre todo me tiene desorientada, pues no se bien dónde puede hallarse, con exactitud y acierto, la respuesta a tan insólita epidemia de negatividad.
Así que, aprovechando que 12:45pm es una ventana abierta y accesible, comparto esta inquietante inquietud con todos aquellos que se asoman curiosos, haciéndoles así partícipes en el peregrinaje de búsqueda de las soluciones más adecuadas.
Busco por tanto acompañantes para esta aventura donde el descubrimiento y la comprensión del comportamiento humano será nuestro mapa, un mapa sin itinerario, un mapa cambiante y desconcertante, pero un mapa lleno de asombrosas revelaciones que nos ayudaran a apreciar aún más lo complejamente bello que es el ser humano.
Así pues, presentado el rompecabezas... querido amig@ de 12:45pm... ¿qué respuesta podrías darme tu a tan misterioso comportamiento?...
Busco por tanto acompañantes para esta aventura donde el descubrimiento y la comprensión del comportamiento humano será nuestro mapa, un mapa sin itinerario, un mapa cambiante y desconcertante, pero un mapa lleno de asombrosas revelaciones que nos ayudaran a apreciar aún más lo complejamente bello que es el ser humano.
Así pues, presentado el rompecabezas... querido amig@ de 12:45pm... ¿qué respuesta podrías darme tu a tan misterioso comportamiento?...
| http://arbolesycerezas.blogspot.com/2010/02/dona-alegria.html |
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sábado, 3 de noviembre de 2012
DÍA 102: La duda
Tras un profundo y ralentizado suspiro... enfocó meditativa la mirada en el suelo de madera durante el instante previo a ejecutar magistralmente un imperceptible salto que hizo crujir los listones desgastados bajos sus pies. Abandonó así, con este gesto volátil, la comodidad en la que había reposado durante la conversación.
Quedó estática en la misma posición durante al menos un minuto... se mantuvo en pie, erguida, congelada, durante aproximadamente sesenta eternos segundos. Miraba fijamente a través de la gran ventana que tenía ubicada a su derecha, justo sobre la butaca en la que había reposado tranquila durante todo el cruce de palabras previo.
Suspiró una vez más, esta vez con mayor sonoridad, pues al parecer el encontrarse erguida permitía que el aire saliera con mayor comodidad y resonancia. El suspiro removió agitadamente las microscópicas partículas de polvo que oscilaban en el ambiente, pude verlo nítidamente pues la luz del ventanal que estaba sobre el butacón rojizo del cual acababa de elevarse entraba por el cristal sin reparo y con descarada luminosidad.
Eran las siete de la tarde y atardecía pausadamente... siguiendo el mismo ritmo que sus pensamientos. Me mantenía en vilo. Casi indispuesta. Expectante. A la espera de su veredicto final.
Sin embargo ella simplemente dirigió de nuevo su mirada hacia el suelo dando una pequeña patada al aire en un movimiento casi inapreciable, en ese preciso instante me pareció verle negar un par de veces con la cabeza mientras cerraba concentrada los ojos... aunque dado mi estado de incertidumbre nerviosa es probable que este último acto fuera resultado de mi propia imaginación.
Levantó nuevamente la mirada, la enfocó en un punto fijo por encima de mis hombros, como buscando desde la distancia la respuesta a mi duda en alguno de los volúmenes que llenaban la biblioteca de madera del fondo de la habitación.
Probablemente la solución no la halló allí tampoco, pues a continuación comenzó a caminar dispersa entre los espacios que el mobiliario había establecido dentro de aquella estancia carcelaria.
Calculé unos dos suspiros adicionales y un extraño gruñido que confundí con el hallazgo de la resolución, pero que en realidad fue un leve carraspeo por la sequedad del ambiente. Mi boca también se encontraba seca, aunque por otros motivos, así que decidí servir dos vasos de agua para aportar a la estancia cierta templanza.
Me afanaba en rellenar mi vaso por segunda vez cuando ella, apoyando su brazo izquierdo sobre un fornido mueble de madera, espetó:
![]() |
| http://martaparreno.blogspot.com/2011_07_01_archive.html |
Suspiró una vez más, esta vez con mayor sonoridad, pues al parecer el encontrarse erguida permitía que el aire saliera con mayor comodidad y resonancia. El suspiro removió agitadamente las microscópicas partículas de polvo que oscilaban en el ambiente, pude verlo nítidamente pues la luz del ventanal que estaba sobre el butacón rojizo del cual acababa de elevarse entraba por el cristal sin reparo y con descarada luminosidad.
Eran las siete de la tarde y atardecía pausadamente... siguiendo el mismo ritmo que sus pensamientos. Me mantenía en vilo. Casi indispuesta. Expectante. A la espera de su veredicto final.
Sin embargo ella simplemente dirigió de nuevo su mirada hacia el suelo dando una pequeña patada al aire en un movimiento casi inapreciable, en ese preciso instante me pareció verle negar un par de veces con la cabeza mientras cerraba concentrada los ojos... aunque dado mi estado de incertidumbre nerviosa es probable que este último acto fuera resultado de mi propia imaginación.
Levantó nuevamente la mirada, la enfocó en un punto fijo por encima de mis hombros, como buscando desde la distancia la respuesta a mi duda en alguno de los volúmenes que llenaban la biblioteca de madera del fondo de la habitación.
Probablemente la solución no la halló allí tampoco, pues a continuación comenzó a caminar dispersa entre los espacios que el mobiliario había establecido dentro de aquella estancia carcelaria.
Calculé unos dos suspiros adicionales y un extraño gruñido que confundí con el hallazgo de la resolución, pero que en realidad fue un leve carraspeo por la sequedad del ambiente. Mi boca también se encontraba seca, aunque por otros motivos, así que decidí servir dos vasos de agua para aportar a la estancia cierta templanza.
Me afanaba en rellenar mi vaso por segunda vez cuando ella, apoyando su brazo izquierdo sobre un fornido mueble de madera, espetó:
"... me preguntas qué haría yo y yo te pregunto por qué te centras en buscar respuestas para preguntas que no son siquiera tuyas"
Carraspeé y bebí un poco de aquel segundo vaso de agua.
Asombrada, pues tras dos horas de monólogo donde expuse detalladamente los hechos y aquel eterno receso por su parte para la búsqueda de respuesta, esperaba que su discurso fuera mucho más clarificador, sin embargo ella, en un desenlace inesperado, había logrado lanzarme de nuevo la pelota y además con tanta fuerza que me removió la boca del estómago hasta el punto de creerme desmayar.
Ella seguía inmóvil, apoyada sobre el mueble colonial de tres puertas que le hacía funciones de pedestal... me miraba altiva, interesante, por encima del bien y del mal, justiciera y arrogante. Y probablemente fue por ese orgullo desmedido que, sintiéndome incomprendida, me levanté y me enfrenté a su reproche, de manera sencilla, humilde y clarificadora... le devolví el lanzamiento de manera precisa, disparando donde más le podía sensibilizar...
Y tras el sonoro punto y final, salí de la claustrofóbica habitación y dirigí mis pasos hacia la puerta de salida... fue a mitad de la galería previa al portón cuando, lejanamente, escuché su interrogante suspendido en el denso y polvoriento aire...
Cerré convincentemente la puerta. Ahí obtuvo mi respuesta a su duda... no dando explicación a quien no está dispuesto a escucharla.
Carraspeé y bebí un poco de aquel segundo vaso de agua.
Asombrada, pues tras dos horas de monólogo donde expuse detalladamente los hechos y aquel eterno receso por su parte para la búsqueda de respuesta, esperaba que su discurso fuera mucho más clarificador, sin embargo ella, en un desenlace inesperado, había logrado lanzarme de nuevo la pelota y además con tanta fuerza que me removió la boca del estómago hasta el punto de creerme desmayar.
Ella seguía inmóvil, apoyada sobre el mueble colonial de tres puertas que le hacía funciones de pedestal... me miraba altiva, interesante, por encima del bien y del mal, justiciera y arrogante. Y probablemente fue por ese orgullo desmedido que, sintiéndome incomprendida, me levanté y me enfrenté a su reproche, de manera sencilla, humilde y clarificadora... le devolví el lanzamiento de manera precisa, disparando donde más le podía sensibilizar...
"... todas las preguntas y todas las respuestas son responsabilidad de todos nosotros, si alguien me pide consejo yo no se lo daré, pero lo que sí puedo ofrecerle será mi opinión, mi personal respuesta a su situación, porque tarde o temprano, en otro lugar con otras personas, yo agradeceré que hagan lo mismo conmigo... al fin y al acabo, de una u otra manera, todas las preguntas y todas las respuestas pertenecen a la vida, y no a los individuos de manera personal e intransferible."
Y tras el sonoro punto y final, salí de la claustrofóbica habitación y dirigí mis pasos hacia la puerta de salida... fue a mitad de la galería previa al portón cuando, lejanamente, escuché su interrogante suspendido en el denso y polvoriento aire...
"... pero dime... ¿cómo consigues superar el temor a la responsabilidad compartida por regalar respuestas?"
Cerré convincentemente la puerta. Ahí obtuvo mi respuesta a su duda... no dando explicación a quien no está dispuesto a escucharla.
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¡ESPERO TUS PROPUESTAS!
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¡TU PUEDES GANAR UNO DE LOS LIBROS QUE FORMAN PARTE DEL "SUERTEO DE AGRADECIMIENTO"!
HASTA EL JUEVES 15 DE NOVIEMBRE ESTAS A TIEMPO DE INSCRIBIRTE SIGUIENDO LOS PASOS QUE DETALLÉ EN EL "DÍA 101: ¡10.000!"
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