"Así sea, anfitriona. Quiero que sepas que me ha ilusionado mucho
participar en este viaje. Solo con unas cervezas y jamón en finas
lonchas podría mejorarse.
Saludos a todos."
A lo que yo, solícita, le respondía con un efusivo:
"Nada que objetar Aldade, absolutamente de acuerdo en todas y cada una de tus palabras. Algo habrá que hacer entonces ;).
Un abrazo enorme."
Así que como a mi me gusta que mis invitados se sientan como en casa, aquí lo dejo para que se sirvan al gusto... ¡DISFRÚTENLO COMO BUEN JUEVES QUE ES!¡SALUD!.
¡LLEGAMOS AL FINAL DE LAS PUBLICACIONES POR LA CELEBRACIÓN DE LOS 50.000!
Para mi ha sido como un viaje en tren con 8 maravillosas paradas en el trayecto, cada estación nos ha llenado de su belleza, de su cultura, de su esencia característica... única, artística y creativa.
No podéis imaginar la satisfacción y orgullo que siento por saber que ahí, cerquita, al otro lado de la pantalla, hay residentes y visitantes con tan buenos talentos, emociones y valores. Jamás imaginé que aquel día de un Julio relativamente lejano, cuando dí por iniciada esta aventura a la que decidí llamar 12:45pm, iba a tropezar en el camino con personas tan maravillosas con tantas cosas por decir... ¡y dichas además de una manera tan hermosa!. Hacéis, queridos/as míos/as que amanezca cada mañana con energías renovadas, realmente no podéis imaginar lo que significa para mí saber que estáis ahí, regalándome vuestro tiempo y vuestras destrezas sin interés alguno... regalándome un pedacito de vuestras vidas cada vez que os asomáis. Para mí, saber que dispongo de este tesoro, hace que mi periplo por Tierra de Acogida se haga un poco más llevadero. ¡GRACIAS!.
El caso es que la celebración de los 50.000 nos ha traído muy buenos momentos y sin duda, como nos ha sucedido en otras ocasiones, elegir la mejor parada nos va a resultar de una complejidad extraordinaria.
Mi propuesta es la siguiente, os animo a que hagáis un recorrido retrospectivo durante estos días. Dispondremos de cinco días de reflexión rumiada para que cada uno saque sus propias conclusiones en relación a la infinidad de emociones y pensamientos que durante 8 días hemos podido recoger en el camino y así, el próximo lunes, podremos emitir un juicio subjetivo y totalmente personal sobre el texto que más nos haya encandilado. Lo haremos, siguiendo el ritmo de ocasiones anteriores, a través de una encuesta.
De este modo, al abrir el próximo DÍA 474 esta ventana agitadora encontraréis una salida hecha encuesta, donde cada opción, como hemos hecho anteriormente, será cada una de las paradas escritas que habéis propuesto. Mantendré activa la encuesta durante varios días y al final, juntos (¡siempre juntos!) escogeremos el "50.000 por..." que más nos haya encandilado.
Dicho esto, no queda más que agradecer a M.G., LUCÍA, IXONE, LUIS, JAIME, CUENTÓN, AMA y OLGA su dedicación, su creatividad y su tiempo por participar en este juego lleno de tembloroso sentimiento...
¡¡GRACIAS AMIGOS/AS... SOIS LOS MEJORES MAQUINISTAS DE APOYO QUE TODO TRANVÍA BLOGUERO PODRÍA TENER!!
¡Que bonitos recuerdos me evoca esta
hermosa foto!
Parece
ayer cuando llegué a esta hermosa playa, llena de inquietud por el nuevo rumbo
que tomaba mi vida, un camino lleno de esperanzas e incertidumbres.
¡Cuántos sentimientos a flor de piel!
Recuerdo
mi agitación, todo mi ser temblando, expectante, abierto a lo nuevo que iba a
llegar.
¡Cuántos miedos a dejar los anclajes del
pasado!
Siempre
cuesta dejar el lugar en el que naces, creces, te desarrollas como persona,
donde te enamoras por primera vez, donde nacieron tus primeros sueños, tus
decepciones, formas tu familia, tu grupo de amigos, ….
¡Cuánto dolor por dejar a los seres
amados!
A
la familia, especialmente a mi madre, ya mayor, a mis amigos de toda una vida,
en los que me apoyaba y en los que me refugiaba en los malos momentos.
¡Cuánta ansiedad por el futuro!
¿Me
irá bien? ¿Encontraré un trabajo que me ilusione, que me permita desarrollarme
y al mismo tiempo aportar mi experiencia? ¿Seré feliz?
¡Cuántas esperanzas en descubrir nuevas
sensaciones!
Recuerdo
el olor de aquella mañana, sobre todo el olor del mar, profundo, que absorbía
mi piel, como si con ello quisiese mi ser encontrar la energía que necesitaba,
para fluir en esta nueva etapa.
¡Cuánto amor por descubrir!
Nuevos
paisajes, nuevos horizontes, nuevos amigos, … y ¿por qué no una nueva persona
con quién compartir esta nueva etapa?
Tres
meses de aquella foto, mis miedos superados, el dolor mitigado gracias al
skype, whatsapp, …, descubriendo cada día cosas nuevas, que me hacen crecer,
con muy buenas perspectivas de trabajo.
La
foto me evoca allí sentada observando la playa, sintiendo fluir por todo mi
cuerpo la energía que sentí allí y que me acompaña en esta nueva andadura y que
me encantaría compartir con todos.
Con
esta hermosa canción de Luz Casal os dejo, espero que os guste, ¡¡¡¡que tengáis un
precioso día!!!!
¡SÍÍÍ…! ¡LO SUPE! ¡SIEMPRE
LO SUPE! ¡Siempre confié, esperé, supe que algún día dejaría de estar sólo!.
Mil veces, cuando flaqueaba
mi esperanza, me animaba pensando que no tenía ningún sentido nacer, vivir y
morir sólo. Sabía que llegado el momento tendría compañía.
En muchas ocasiones añoré la
compañía de la que disfrutaban mis congéneres y vecinos de la orilla de
enfrente. Allí, tan juntitos, tan hermanados, tan visitados a diario por los
humanos…y yo aquí, bien sólo, día y noche. No negaré que en más de una ocasión
fui atrapado por el peor pecado de la humanidad, la envidia. Sí, envidié ese
fino y suave manto tan tibio, tan suave, tan volátil, tan dúctil a las pisadas
de los visitantes y maldije mil veces el que se postraba a mi alrededor. Yo
mismo sentía el calor y la placidez que brinda esa fina arena a los seres que
en ella se sientan o tumban. Sin embargo esta orilla mía, agresiva, escabrosa,
dura y potente, con sus abruptas simas por donde se filtra el agua de los
frecuentes aguaceros caribeños, sus riscos afilados de roca hiriente…. ¿Quién
se iba a aventurar llegar hasta aquí a pasar un día de relax junto a mi
sombra?...Tan sólo, y de vez en cuando,
se aventuraba algún bañista a hacerme una visita, bueno, no a mí, más
bien a la orilla. Descansaba un ratito y se iba…
¡¿Eh?! … ¡Pss
Pss!... ¡EeeeH! ¡¿Yuju?! Que estoy captando tus reflexiones, ¿eh?. Que te estoy
entendiendo. Que tendrás la suerte de ser un ser vivo y por ello se te supone
el don de pensar y reflexionar pero yo también tengo y he vivido una vida,
aunque no sea ser vivo, pero la he vivido junto a ellos y he aprendido a
captar.
¿Quién eres?¿Cómo te llamas? ¡Qué gran alegría he sentido al verte!
¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Te mueves? ¿Te piensas quedar? Si fuera así
sería enormemente feliz porque se habrán acabado mis días de soledad.
Sí, sí me voy a
quedar. Me llamo SILLA. Yo nací SILLA, crecí SILLA y ahora soy SILLA VIEJA pero
SILLA al fin y al cabo. Me inventaron los humanos, me crearon, me utilizaron y
por el uso envejecí y me apartaron de su lado. Los fuertes vientos de ayer me
voltearon una y mil veces arrastrándome durante toda la noche y en la madrugada
me posaron y anclaron aquí, y aquí me he
quedado bien asentada hasta que llegue mi final. Como ves también yo he
enraizado, como tú, que bien sé que eres ÁRBOL. ¿Y por qué estás aquí sólo, por
qué no estás al otro lado como el resto del arbolado?.
Yo nací semilla. Y como a ti, unos vientos huracanados me arrastraron
hasta aquí, hasta éste inhóspito terreno y las lluvias y soles asentaron mi
destino. Y aquí estoy, tan mal
aprovechado. Mi función es dar cobijo y sombra y ya ves a quién se la estoy
dando, a un montón de riscos desairados. ¡Qué desperdicio de vida! ¡Tanto
tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo en arraigar, sujetar, afianzar mis raíces
invulnerables, cuidar mis ramas, mis hojas, protegerlas de las lluvias
torrenciales, de los alocados y potentes vientos… y todo para nadie!. Menos mal
que ahora estoy acompañado, ¡que mi soledad ha terminado!.
Parece que la alegría
de verme, poco te ha durado. Percibo en lo que cuentas mucho pesimismo y poco
ánimo.
Echo en falta el roce y la
presencia del ser humano.
Verás, aquí donde
estás y que ahora también es mi espacio, un espacio que compartimos sin
molestarnos, no hay enredos de ramas y hojas, ni disputas por la zona ni por el
terreno ocupado como ocurre al otro lado. No nos molesta el humano, no nos ensucia
ni nos usurpa nuestro suelo con sus trastos…
Noooo, claro. No podría
sentirse cómodo, se haría mucho daño, se sentiría muy mal si se tumbase a mi
lado. Claro que ahora sería distinto, ahora tú podrías darle asiento y disfrute
de las vistas que ofrecemos desde este lado, de esta suave brisa, de este
acantilado. Mira, me voy animando.
Perfecto, pues
disfrutemos por ahora observando lo que tenemos y divirtámonos lo que podamos
ya que no pasará demasiado tiempo, verás, en que seamos visitados por el
humano. Vendrá y nos fotografiará y esa foto recorrerá el mundo y al recorrerlo ella también lo haremos
nosotros. Nos conocerán muchos, muchos, y todo sin movernos de nuestro entorno.
Escribirán y hablarán de nosotros. Seguro que nos buscarán y visitarán pronto.
Adquiriremos una importancia mayor que la que tienen nuestros vecinos de
enfrente…
Mucho soñar me parece eso.
Me agradaría creerte…
Si necesitas creer en
alguien, CREE EN TI, en tu gran belleza, en tu fuerza, porque se necesita mucha
para haber aguantado tú solito las inclemencias de nuestro tiempo; en la
importancia de tu existencia, en la
necesidad de tu sombra, en la potente fuerza de tu arraigo, en… Verás, en nosotros encontrarán algo
diferente, algo que removerá sus pensamientos, su mente, sus más primarias
sensaciones. En nosotros apreciarán la belleza de lo puro, de lo natural, de lo
genuino, y de eso andan muy escasos, te
lo aseguro.
¡Anda! Si ya ha
anochecido.
¡Vaya! ¡Es verdad! Es la
primera vez en mi vida que se me ha pasado el día sin enterarme. ¡Que feliz
estoy de haberte encontrado! Muchas gracias por todo…
Calla, calla, que
debemos descansar. Nos esperan muchos días, cientos de ellos, y miles de
disfrutes juntos, ¡Ah! Y con el acercamiento de muchos, muchísimos humanos, ya
verás.
Sí, así será.
.............
¡HOLA! ¡Buenos días!
Sí, buenos parecen. Tenemos
el agua en calma, el viento tranquilo. Auguro que vamos a tener bastantes
humanos hoy por aquí.
Desde
que llegó a su destino, hace ya infinidad de meses, todos los fines de semana
acude con su silla a un punto concreto de la playa. Secretamente es su rincón
personal, donde se sienta para ver salir el Sol y meditar durante horas acerca
de su vida, su futuro y su pasado. Lo hace en silencio, con la única compañía
de la tenue brisa marina. Piensa, medita, imagina, mientras el Sol va subiendo
hasta situarse en lo alto.
Han
pasado varias horas, que le han parecido minutos, todo lo contrario a los
escasos años que lleva en esta remota región, que pese a ser pocos le han
parecido una eternidad.
De
vez en cuando un pescador, un bañista, un chiquillo paseando su perro por la
playa, se detienen al ver la silueta de quien poco a poco se va haciendo
conocida entre los lugareños. Saludan sabiendo que siempre recibirán una amable
respuesta, pese a lo absorto de sus pensamientos.
Pocos
imaginan que aquella extranjera se siente un pelín más cerca de casa cada vez
que ve salir el Sol desde su rincón personal.
Un
Sol que horas antes se puso en la otra punta del Mundo, en su tierra natal,
dónde su familia, vecinos y amigos la vieron crecer y tomar decisiones…
Las mismas que la condujeron hasta el Nuevo Mundo.
Un
Sol que poco antes bañó su calle, como ahora baña su rincón personal. Por eso
es un lugar tan especial, porque desde aquí se imagina a ella misma años antes,
mirando justo en la dirección contraria, en el otro lado de este inmenso
océano, que separa dos mundos tan parecidos y tan diferentes a la vez.
Una
vez más, sabe que está cerca el momento de regresar, al menos temporalmente.
Durante unas semanas dejará su rincón personal para trasladarse al otro lado
del océano, con los suyos, donde sufrirá una extraña mezcla de sentimientos,
que van desde la inmensa alegría al desconsuelo.
Así
es su vida desde hace años: partida entre dos Mundos, como ese océano al que
admira.
A
veces olvida que fue una gran decisión la que tomó, que fue suya, y que por
mucho que le cueste admitirlo, es una persona especial, grande y valiente, que
ha llevado a cabo algo para lo que poca gente está preparada. Dejar tu tierra,
tu vida, en definitiva tu mundo por una incertidumbre es algo muy valeroso,
sobre todo porque está aportando mucho en su nuevo destino, en su nueva
vida… en su nuevo mundo.
Sé
que muchas veces, cuando ve salir el Sol, piensa “¿Qué hago yo
aquí?” y su respuesta siempre es la misma: Vivir y ser feliz con su nueva
vida. Está forjando un presente que le ayudará en el futuro. El precio es
alto…. muy alto, por eso esta decisión no es para cualquiera. Al final se
da cuenta de una cosa y es que no todos los héroes y heroínas llevan máscara.
De
fastos y boato, de derroche y desperdicio, de estafa y usura, de cretina
necedad la atmósfera me rodea.
Sumida
en guerras donde siempre gana mi lobo estepario, no encuentro la superficie en
este mar de fango; la línea a partir de la cual regalarme una bocanada de aire
respirable.
Las
sienes me atormentan palpitando al son de la catástrofe; millones de puños
oprimen un cerebro desquiciado siempre a punto de resquebrajarse en su infinita
fragilidad. Es la ciega necesidad de terminar, dar fin una vez se acabó el
plazo. No caben prórrogas, y sin embargo... poner fecha a la propia muerte
despierta las ganas de vivir. Algún yo interno intenta alargar la medida del
tiempo, hacer que el reloj se ralentice hasta detenerse, porque, sin querer,
acabas de crear una meta de transgresión.
Quieres,
necesitas desobedecerte.
El
ábrego viento saca mi pensar del bucle en el que lo encarcelo y despertando al
mundo caigo en que mi pesada carga reposa en la silla que tengo a la vera.
El
día es bueno; la temperatura agradable y el incipiente otoño no ha conseguido
cambiar el paisaje. El tibio sol y el murmullo de las olas que rompen contra el
acantilado, allá abajo, juegan a adormecerme inútilmente. Los veraneantes ya se
fueronllevándose consigo sus colores y
algarabías, dejando la lejana playa con la serenidad de lo triste. No hay niños
que me distraigan con sus gritos, ni vendedores que voceen, ni sombrillas que
oculten, solo la amarillenta inmensidad de la arena y nada que me obligue a
seguir viviendo. Mi mundo revolotea entre las que otrora fueran penas y
alegrías cotidianas y hoy sólo amargura y desazón.
Jacinto,
mi querido amor, sigue ahí, pegado a su postura casi inanimada, con la mirada
fundida en el horizonte de un Mediterráneo que se enfría. Sus ojos miran sin
ver y yo, sentada sobre la misma piedra de siempre, desespero ante la vida que
se pierde en su interior, que se difumina hasta perder todo atisbo de sentido.
Cuantos recuerdos se añejan, pudren y desaparecen en el interior de su cuerpo
impávido; cuantos sin que nada o nadie pueda evitarlo. Sus manos, en tiempos
fuertes y rudas, reposan hoy arrugadas, traslúcidas y temblorosas sobre su
regazo. Ya no me acarician, ya no me sujetan, ya no me conocen. Cuanto daría
por un beso suyo, y cuanto por un brillo de sus ojos, o una sonrisa. A duras
penas recuerdo ya su voz, sus excusas, sus chistes malos; aquellos pisotones en
el baile, sus salidas de tono con los niños... y sus celos. Hace tanto ya que
no somos nada para él que a punto estuve de olvidar lo que fuimos el uno para
el otro.
Fue
cuando nació Manuel, el mayor; entonces meprometió traerme a la costa para que mi castigado cuerpo se recuperara
de un arduo embarazo y un parto doloroso. Compró la casita de la plaza -según
dijo-, solo para mí; pero no consiguió engañarme: él la necesitaba más que yo.
Desde entonces, todos los veranos los pasamos aquí, a orillas de un mar
agradecido y cariñoso que nos dio más de lo que le pedimos. Mientras la niñez
de los hijos lo permitió, ningún año hubo que la casa no nos recibiera uno o
dos meses y que sus pocas habitaciones se llenaran del caos y el barullo que
acompaña a la infancia y a la felicidad. Jacinto trabajaba mucho en la
zapateríay cuando nació José, el
segundo, y tuve que dedicarme en exclusiva a ellos, necesitó hacerlo mucho más.
Algún verano tuvo que conformarse con acompañarnos solo los fines de semana.
Eran fines de semana de ilusión y reencuentro. Los niños le idolatraban,
sentían verdadera pasión por él y, saltando a su alrededor, pedían besos y
regalos como quien pide de comer y Jacinto nunca les defraudó. Con el tiempo
fueron creciendo y añejando y poco a poco necesitándonos menos. Uno tras otro
-los cuatro-, abandonaron el nido llevándose la alegría y dejándonos la
necesidad de uno por el otro. Fueron años de serena tranquilidad. Cuando
ninguno quedó ya en casa, volví al trabajo. La zapatería no me necesitaba, pero
el eco de la casa vacía me era incómodo y él me aceptó a su lado allí también.
Fuimos
felices en ese tiempo; serenamente felices, sin estridencias. Vivíamos
sumergidos enun océano oleoso sin roces
ni desgaste, donde la vida pasaba despacio y el tiempo deprisa; donde cada
arruga era una anécdota vital y cada achaque una historieta que contar a los
vecinos. A los chicos los veíamos poco -nunca es bastante-, pero estaban ahí, a
nuestro lado, dejándose ayudar y haciéndonos envejecer con sus problemas y
alegrías, con sus idas y venidas.
Luego llegaron los nietos con nuestra jubilación
bajo el brazo y la necesidad acuciante de servirles en algo. La casa de la
plaza se llenó de nuevo de vida y Jacinto se sintió dios en la confesión
intramuros. Las horas sin sus hijos de antaño se convirtieron en un trofeo
conseguido con sus nietos; los veranos con ellos se volvieron sangre para unas
venas sedientas que empezaban a acartonarse.
-¿Qué
día es hoy?
-Martes,
Jacinto, martes...
Al
igual que las grandes obras comienzan con algo tan ingrávido como una idea, mi
infierno, nuestro infierno, empezó con una simple pregunta; y a esa siguieron muchas
más hasta que toda su existencia se convirtió en una pregunta.
Los primeros meses y como quien esconde la
cabeza en un agujero, todos volábamos a su alrededor temiendo aquello que
sabíamos, rozando sin tocar; hasta que el diagnóstico fue tan categórico que
aquellas miradas de preocupación se convirtieron en súplicas y quebrantos.
-¿Y
ahora qué hago?
-Ahora
tienes que desayunar, Jacinto… ¿Te has lavado?
-¿Y
por qué tengo que lavarme? ¿Quién es ese…?
-Tu
nieto, Jacinto, tu nieto.
Los
despistes se convirtieron en distracciones, las distracciones en olvidos y
estos enuna implacable incineración de
la memoria. Su cuerpo, aún viejo, se soltó de la mano de su mente y dejó a esta
vagar libre por los páramos de la soledad: había comenzado su viaje hacia
ninguna parte, una irrefrenable caída hacia las vacías cavernas del Alzheimer.
Desde
ahí, mi tiempo se fue desviando progresivamente a su atención, hasta que todo
él quedó de su inconsciente propiedad; en su interior se desarrollaba una
cruenta batalla contra los ladrones de recuerdos, una batalla sorda que estaba
perdida de antemano y en la que no se me dejaba intervenir. Al poco, hasta los
golpes de mal humor desaparecieron y en su huida, se llevaron el control de su
cuerpo y la mitad de mi vida. La otra mitad ha ido consumiéndose desde
entonces. Los hijos propusieron soluciones, infinidad de soluciones; la mayoría
de ellas descansaban sobre la idea del abandono, sustraerlo de mi cuidadocon la inocentepretensión deapartarme de la más sagrada obligación… y me negué. Se fueron con sus
vástagos, sus perros y sus cacharros dejándome con mi amada carga y la fecha de
caducidad marcada en el corazón.
Me
alcanzan gotas de agua. La sal despierta mis labios y compruebo que la brisa se
ha hecho viento sin avisar. Miro a Jacinto y veo que su mirada se ha vuelto
vítrea. Parpadea intentando impedir que el húmedo mensaje del mar interrumpa la
vista del infinito que tiene desde su vieja silla.
-Ya
es la hora, Jacinto. –Me levanto trabajosamente sin conseguir atraer su
atención y –despacio, muy despacio- cojo una de sus manos. Tiro de él con
suavidad obligándole a levantarse y lo hace sin oponer resistencia. La silla le
deja ir. Con pasos cortos, titubeantes, imprecisos, recortamos los pocos metros
que nos separan del borde. El mar nos llama con verbo monótono y consistente.
Una inmensa ternura me invade cuando, cogiéndole de la barbilla, le obligo a
dejar el infinito para que me haga el centro de su indeterminado mundo… Quiero
besarle antes de… con un gemido se escabulle para continuar con la
contemplación de la nadayresignada, le beso en la mejilla. Un beso
largo y solitario.
El
mundo se aleja de mi cuando le veo caer hacia la salvación y estrellarse contra
las piedras en una orgía de brillos y espuma. Al fin cuerpo y mente acompasaron
sus destinos sobre las rocas del acantilado.